Confianza
en quienes nos rodean. En eso debió pensar aquél Truman Burbank en
“El Show de Truman” cuando, al salir de su casa como
cada día, y tras caerle un foco del cielo, comenzó a sospechar de
cuantos rodeaban su vida cotidiana: sus vecinos, amigos...hasta de su
propia familia. También la confianza (a veces mezclada con el temor
y la subordinación) era lo que inspiraba a la familia Corleone en la
trilogía de “El Padrino” para poner en marcha sus
ilícitos negocios. En lo que se apoyaban los vecinos de una aldea
galesa en la -poco conocida pero genial- “El Inglés que subió
una colina pero bajó una montaña” para conseguir que su
bucólico pueblo apareciera en los mapas. O a lo que apelaba Gary
Cooper en el clásico 'Solo ante el peligro' al
pedir ayuda a sus conciudadanos, en una obra maestra que a pesar de
los años transcurridos aún hoy en día se mantiene fresca y
atractiva de ver.
El
cine nunca ha rehusado abordar temas políticos desde una perspectiva
de denuncia, constituyendo así una herramienta muy importante para
afianzar la conciencia política de los espectadores. También lo ha
hecho mostrando cuestiones sociológicas tan cotidianas como la
interconfianza entre los grupos sociales, en especial los más
básicos (la familia, los vecinos, etc.) Y, desde luego, ha usado
situaciones variopintas para plantear conflictos que encierran un
montón de debates interesantes.
Todas
las películas que hemos mencionado antes comparten, salvando sus
diferencias argumentales, el siguiente dilema, que podríamos
plantear a grandes rasgos así: ¿tenemos en quién apoyarnos si
necesitáramos ayuda?
¿Y si
hoy nos hiciéramos la misma pregunta? Para responder, vamos a
recurrir a un artículo de ‘El
País Semanal’ del
pasado julio de 2016. Este artículo remite, a su vez, a
una encuesta anual de la empresa Gallup sobre la existencia y calidad
de las redes sociales con las que pueden contar las personas en caso
de enfrentarse a algún problema. Se preguntó a los encuestados lo
siguiente: “si
tuviera problemas, ¿cuenta con alguien en quien apoyarse?”.
Un 79% de los encuestados contestó afirmativamente. En el caso de
Nueva Zelanda, ese porcentaje aumenta hasta el 99%, (otra cifra
positiva para este país situado a la cabeza la mayoría de rankings
de índice de Desarrollo Humano y bienestar social, así como
seguridad ciudadana y corrupción política, donde se sitúa en los
puestos más altos en cuanto a escasez de corrupción). España, por
su parte -aunque en este último aspecto tengamos mucho que mejorar-
sale muy bien parada en cuanto al aspecto del “soporte social”,
en el tercer puesto de dicho ranking (con un 96% de encuestados que
responden afirmativamente a la cuestión anterior)
En
el ámbito de la sociología, en relación con lo anterior, una
abundante literatura ha desarrollado la idea de “tejido” o
“capital
social”, en
la que destacan Robert Putnam o James Coleman. El Programa para
el Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD), señala que surge dicho
tejido social cuando “el conjunto de redes personales,
estructurales, formales y funcionales de iniciativas o asociaciones
se constituye en un activo para los individuos y la sociedad, ya que
les permite ampliar sus opciones y oportunidades para mejorar su
calidad de vida.” Un estudio de
la Fundación Alternativas de 2014 que menciona este concepto,
añade que “el tejido social constituye el telar
de valores y cultura de una sociedad donde
el individuo participa para evitar su aislamiento y potenciar sus
principales relaciones sociales, así como los valores de confianza y
la solidaridad”.
En el
caso de Truman o en el clásico de Fred Zinnemann (sin ánimo de
spoilers), sus protagonistas no tenían tanta suerte: la apatía
hacia los problemas sociales, el engaño colectivo, la desconfianza,
un espíritu extremadamente individualista, o el miedo a ser
castigados de alguna forma, son elementos que socavan las relaciones
interpersonales, pero si vamos más allá, la propia participación
política, el compromiso cívico (pues sólo podemos ponerlo en
práctica en sociedad) o las propias ideas de ciudadanía o incluso
de democracia se desmoronan.
Entonces,
la existencia de un “capital social” fuerte es algo de lo que una
sociedad debe sentirse orgullosa. En el caso de España, durante los
momentos más duros de la crisis económica que estalló allá por
2008, las familias, las ONGs y la sociedad civil han estado
entre los actores que más han ayudado a resistir los embates más
duros de la recesión (el paro y sus efectos, principalmente) y de
las políticas de recortes presupuestarios en algunos servicios
públicos, constituyendo un colchón muy importante en este aspecto.
Sobre ello se pronuncia un informe de
Cáritas y la Fundación FOESSA (que hace referencia a los años 2007
a 2013, durante la mayor agudeza de la crisis económica) según
el cual la sociedad española se ha caracterizado “por una fuerte
comunidad primaria especialmente familiar y también intensa en sus
relaciones entre amigos y vecinos, junto con un tejido secundario
débil y altas instituciones que no están conectadas con esa gran
creatividad y dinamismo de la base social”. Sin embargo, afirma
también que “el capital
social está evolucionando en
sus formas y muchas de estas son capaces de encauzar un modelo
alternativo, acelerando esa recreación de redes, redescubrimiento de
valores y regeneración de las instituciones”.
Ello
contrasta con la escasa confianza que tienen los españoles hacia en
el Gobierno, así como hacia la clase política, estando éstas junto
con “la corrupción y el fraude” -entre las principales
preocupaciones de los ciudadanos según las encuestas del
CIS-. Al mismo tiempo, el nivel de asociacionismo de carácter
político en España es escaso, en comparación con otros países de
nuestro entorno sociopolítico, si bien la implicación hacia la
política ha repuntado en los últimos años, reflejando un mayor
interés hacia la misma, lo cual es muy positivo.
En
definitiva, son datos interesantes a la hora de tener en cuenta las
circunstancias sociales por las que atravesamos, destacando el
incremento de la desigualdad y la pobreza.
Un
tejido social fuerte repercute en todos los
aspectos positivamente: mayor confianza interpersonal,
terreno para cultivar virtudes cívicas como la participación
ciudadana...todo lo opuesto a lo que sucedía en El Show de Truman,
el clásico de Fred Zinnemann o en una sociedad propia de un
'western' en la que imperase el "sálvese quien pueda". Se
trata, en definitiva, de un activo social que debemos cuidar,
y los poderes públicos, potenciar.
Este
artículo obtuvo el 3er puesto del I Concurso de Divulgación
Política, en la modalidad de ensayo, organizado por la web Cámara
Cívica.