Costaría
creer que Donald Trump ganase las primarias al Partido Republicano y se
convirtiese en el rival de la –previsiblemente- candidata Demócrata Hillary
Clinton a la presidencia de los EEUU. A pesar de sus insultos racistas, las
medidas radicales o disparatadas que defiende (construir un muro en la frontera
con Méjico o expulsar a los musulmanes que entre en EEUU, entre ellas) sus comentarios
desagradables hacia los inmigrantes, las mujeres o incluso el papa Francisco[1], o las formas groseras de
las que suele hacer gala en sus intervenciones públicas, Trump parece tener
todas las de ganar en el bando republicano, logrando hacerse con los 1.237 delegados para ser nominado como candidato a la carrera presidencial. Y cada día está más cerca como muestran estos datos:
Fuente: http://edition.cnn.com/election (27/03/2016)
Ante
la incredulidad de los analistas, el malestar de sus rivales políticos (y especialmente dentro del 'Great Old Party') o el temor de los sectores sociales a los
que alude en sus críticas, el multimillonario de tez anaranjada ha ido
conquistando a millones de votantes y consolidándose como un fenómeno curioso a
la vez que alarmante.
Curioso,
porque a pesar de tener el apoyo de un gran número de electores en las
primarias, se ha enfrentado al propio “aparato" del Partido Republicano –y ya
estamos viendo cómo el resto de candidatos ha intentado pararle los pies- pero
también – y esto quizás es más reseñable- a los medios que tradicionalmente
apoyaban a este partido, en especial la cadena Fox, fiel al 'establishment' republicano, muy conservadora y crítica con la administración Obama.
Por
otro lado, el discurso de Trump es, dentro su partido, poco habitual. Trump
defiende, en líneas generales, las clásicas posturas [2]de los republicanos: la
pena de muerte, la negación de la acción del hombre en el cambio climático, la
libertad de poseer armas tal y como dice la 2ª Enmienda de la Constitución y
una política exterior fuerte y aliada de Israel, entre las habituales. Pero también mantiene
visiones proteccionistas en materia laboral, de seguridad social o en comercio exterior (cuya apertura ven beneficiosa tanto Republicanos como Demócratas) especialmente en relación con
China, que él ve perjudicial para la clase trabajadora. Además, son frecuentes
sus críticas al ‘establishment’ republicano, al que señala como elitista y alejado de los problemas del ciudadano medio.
Las divisiones en el bando republicano han sido muy visibles en los sucesivos debates entre los candidatos,
en los que Trump, además de insultar a periodistas [3] y participantes, ha
utilizado sus dotes mediáticas para enfrentarse duramente al resto de
candidatos, con frecuentes salidas de tono y comentarios que han ofendido
incluso a la propia esencia de sus correligionarios de partido. Así, cuestionó [4] que el excandidato a la
presidencia John McCain “fuese realmente un héroe de guerra” en alusión al
tiempo que aquél permaneció capturado por los vietnamitas. Para un país donde
los veteranos de guerra tienen un peso importante y son especialmente respetados,
tales afirmaciones desataron fuertes críticas, ante las que Trump no se
disculpó. Incluso los demás candidatos republicanos censuraron el tono con que
Trump hablaba del islam, llegando a defender que se prohíba la entrada de
musulmanes en los EEUU [5] y la conveniencia de saltarse
las leyes para luchar contra el terrorismo[6].
Sin
embargo, su estilo provocador y directo, considerando que la “corrección
política” es un lastre para el debate, y su lenguaje populista, es aplaudido
por miles de seguidores, sobre todo población blanca de zonas rurales. Resulta
difícil explicar el porqué de esto, pero como apunta el politólogo Roger Senserrich aquí [7] “está apelando a los
peores instintos de un segmento de la población que se siente completamente excluida del
sistema político”. Algunos observadores van más allá y, como menciona Senserrich, “ven a Trump como un síntoma de
una sociedad con una cantidad enorme de conflictos latentes [8], justo bajo la superficie,
esperando una chispa para que empiecen a arder”.
Sus
rivales, aunque estén intentando desesperadamente detenerle, tampoco ofrecen
alternativas realmente moderadas –salvo quizás el exgobiernador de Ohio, John Kasich-. Habiendo abandonado figuras como Jeb Bush, Marco Rubio o el libertario Rand Paul, ha sido Ted Cruz ha aglutinado al voto más conservador en esencia, especialmente
el evangélico, de ahí su victoria en Estados del llamado ‘Bible Belt’ o
‘cinturón bíblico’ formado por aquellos donde la religión juega un papel
fundamental (Kentucky, Alabama, Georgia, etc.) Cruz, uno de los pesos pesados del Tea Party,
ha cuestionado la fidelidad de Trump a los principios conservadores,
erigiéndose como el ‘guardián de la pureza’ del voto más tradicionalista. El
catedrático Paul Harvey ha señalado la importancia de este voto evangélico,
definiéndolo como “el equivalente al voto afroestadounidense para los
demócratas". Aunque dicho voto por sí sólo no baste, Cruz es a día de hoy
la única alternativa viable a Trump
dentro de las filas republicanas, estando muy lejos el otro candidato restante,
Kasich. Para algunos analistas, Cruz es realmente el más conservador: Julian Zelizer lo acerca aquí a Barry Goldwater, el senador apodado "Mr. Conservador" que perdió las presidenciales contra Lyndon B. Johnson en 1964. En medio de este 'duelo de titanes' radicales se encuentra el más "moderado" Kasich, quien a pesar de estar a mucha distancia del segundo puesto en las primarias de su partido, estaría en mejor posición (en un escenario ya hipotético) para batirse con Clinton en la carrera a la presidencia, como afirman algunas encuestas recogidas en este artículo de la revista Político.
Pero salvo que suceda algo muy inesperado, el duelo estará entre Trump y Cruz en el partido del elefante. Como mencioné al principio del artículo, Trump (por extensión, también Cruz) representa un fenómeno alarmante, no sólo
para los EEUU, su economía y los sectores de población a los que critica
(inmigrantes, latinos, musulmanes, etc.)
sino para la geopolítica mundial: sus medidas temerarias podrían poner en riesgo las relaciones de EEUU con China y su otro gran socio
comercial México, los avances en la
política con Cuba y la propia imagen de EEUU, que se verá resentida sobre todo
en Europa y América Latina. Para 'The Economist Intelligence Unit', la victoria
de Trump sería uno de los mayores riesgos para la estabilidad mundial, como
señala aquí[9].
A quien realmente beneficia Trump es al partido Demócrata
–así lo sostiene, además, el think tank ‘Hispanic Council[10]’- e, indirectamente, a la que -y salvo que un Sanders actualmente en auge dé alguna sorpresa- será
su rival en las elecciones del próximo noviembre, Hillary Clinton. Su victoria
podría servir a que el bando Republicano busque esa moderación que necesita si
lo que aspira es a ostentar la presidencia. Y es que a día de hoy, los mensajes
que tanto Trump como Cruz repiten no podrán convencer nunca a inmigrantes,
hispanos -casi 55 millones-, musulmanes, jóvenes…en definitiva, a los
ciudadanos del Siglo XXI.
[1] http://trump.thepoliticalinsider.com/Trump-responds-to-Popes-comments-30371269?playlistId=18620
[2] Sus
posturas pueden verse aquí, en su web https://www.donaldjtrump.com/
[3] http://www.nbcnews.com/politics/2016-election/new-york-times-slams-donald-trump-after-he-appears-mock-n470016
[4] https://www.washingtonpost.com/news/post-politics/wp/2015/07/18/trump-slams-mccain-for-being-captured-in-vietnam/
[5] http://www.theguardian.com/us-news/video/2015/dec/08/donald-trump-calls-for-complete-ban-on-muslims-entering-the-us-video
[6] https://www.youtube.com/watch?v=IdOceoZfHuw
[7] http://politikon.es/2016/03/14/primary-colors-xxi-violencia/
[8] http://www.nbcnews.com/meet-the-press/poll-whites-republicans-rank-angriest-americans-n488636
[9] https://gfs.eiu.com/Article.aspx?articleType=gr&articleId=2876
[10] http://www.hispaniccouncil.org/wp-content/uploads/THC_Trump.pdf