martes, 27 de octubre de 2015

Polonia ¿la nueva Hungría?

Como pronosticaban las encuestas, el partido conservador Ley y Justicia (Pis por sus siglas en polaco) ha ganado las elecciones generales convocadas en Polonia el pasado domingo, con el 38,3% de los sufragios -235 escaños-. Los resultados arrojan una victoria para PiS que implica que la formación se haría con la mayoría absoluta de los escaños del Sjem (Parlamento) de un total de 460 miembros1.

Estos comicios han tenido mucho seguimiento por los medios y son cruciales para Polonia,pero para comprender lo sucedido en ellos conviene repasar qué ha sucedido en el país eslavo durante los últimos años. Polonia es el único país de la Unión Europea que puede presumir de no haber decrecido durante la crisis económica internacional, así como de acumular un crecimiento de casi el 25% desde 2008. Durante los gobiernos de la Plataforma Cívica (centro derecha) partido en el poder desde 2007, se llevaron a cabo reformas económicas que, entre liberalizaciones de empresas y una legislación favorable a la inversión extranjera, propiciaron un notable crecimiento económico. Además, una de las prioridades de dicho gobierno fue acercarse a la Unión Europea -hoy Doland Tusk, el antaño primer ministro polaco, es presidente del Consejo Europeo-, dentro de su recelo a entrar en el euro, pues el Ejecutivo consideraba que aún Polonia no estaba preparada para dar ese paso.

Sin embargo, algunas voces criticaron que ese crecimiento incuestionable se producía a costa de la merma de poder adquisitivo de los ciudadanos, así como se aumentaba la desigualdad especialmente entre las regiones del país. Y es precisamente este crecimiento lo que se puso en tela de juicio ya en la campaña a las elecciones presidenciales celebradas el pasado mayo de 2015. El favorito, el gobernante Komorovsky, perdió inesperadamente contra un joven Andrej Duda (PiS), que centró su campaña no sólo en la economía, sino también en defender los “valores tradicionales”. Y es que en un país conservador como Polonia, temas como el matrimonio entre homosexuales o incluso la despenalización del aborto aún siguen dividiendo a la sociedad. En el este del país, más rural, envejecido, tradicional y menos desarrollado económicamente, Duda encontró sus apoyos más fieles. Hay que tener en cuenta, también, que en Polonia la influencia de la Iglesia católica es muy fuerte, y que la sociedad es más tradicionalista que, por ejemplo, la de sus vecinos alemanes, o que la española, por ejemplo.


En las elecciones del pasado domingo los temas económicos dominaron también el debate: el partido ganador, desde una perspectiva muy intervencionista, ha propuesto tasar a los bancos y las grandes empresas (argumenta, para proteger al pequeño comercio), se niega a eliminar las subvenciones al carbón -un sector importante en Polonia- y critica un crecimiento que consideran desigual (aun cuando Polonia tiene una tasa de paro del 8%, relativamente “baja”). También defiende “reindustrializar el país” para hacerlo menos dependiente del gas ruso, que tiene en Polonia uno de sus principales importadores. En cuestiones sociales, el ultraconservador programa de PiS defiende “los valores tradicionales": veda al matrimonio gay, amplias restricciones al aborto; mira con fuerte escepticismo a los refugiados (pues, argumentan, pueden poner en peligro la religión católica) y aboga por una política exterior más dura hacia Rusia.

Todo ello configura no sólo un parlamento más conservador donde los partidos de izquierda son relevados a un papel testimonial -el Partido Socialista ha quedado relegado a una carta posición, con el 7,6% de los votos- sino que afectará a las relaciones con el resto de la UE. PiS, aunque apoya la pertenencia a la Unión, ha declarado públicamente que uno de sus espejos es el gobierno de Viktor Orbán, cuyas acciones gubernamentales y su rechazo a la democracia liberal han levantado un amplio revuelo en los pasillos de Bruselas. En temas como la política económica, el euro, el futuro TTIP, la crisis de los refugiados (donde el llamado “grupo de Visegrado”2 podría tener un impulso), el debate del 'Brexit' o las relaciones con Rusia, todo apunta a que el nuevo ejecutivo polaco va a dar que hablar.