Como
pronosticaban las encuestas, el partido conservador Ley y Justicia
(Pis por sus siglas en polaco) ha ganado las elecciones generales
convocadas en Polonia el pasado domingo, con el 38,3% de los
sufragios -235 escaños-. Los resultados arrojan una victoria para
PiS que implica que la formación se haría con la mayoría absoluta
de los escaños del Sjem (Parlamento) de un total de 460 miembros1.
Estos
comicios han tenido mucho seguimiento por los medios y son cruciales
para Polonia,pero para comprender lo sucedido en ellos conviene
repasar qué ha sucedido en el país eslavo durante los últimos
años. Polonia es el único país de la Unión Europea que puede
presumir de no haber decrecido durante la crisis económica
internacional, así como de acumular un crecimiento de casi el 25%
desde 2008. Durante los gobiernos de la Plataforma Cívica (centro
derecha) partido en el poder desde 2007, se llevaron a cabo reformas
económicas que, entre liberalizaciones de empresas y una legislación
favorable a la inversión extranjera, propiciaron un notable
crecimiento económico. Además, una de las prioridades de dicho
gobierno fue acercarse a la Unión Europea -hoy Doland Tusk, el
antaño primer ministro polaco, es presidente del Consejo Europeo-,
dentro de su recelo a entrar en el euro, pues el Ejecutivo
consideraba que aún Polonia no estaba preparada para dar ese paso.
Sin
embargo, algunas voces criticaron que ese crecimiento incuestionable
se producía a costa de la merma de poder adquisitivo de los
ciudadanos, así como se aumentaba la desigualdad especialmente entre
las regiones del país. Y es precisamente este crecimiento lo que se
puso en tela de juicio ya en la campaña a las elecciones
presidenciales celebradas el pasado mayo de 2015. El favorito, el
gobernante Komorovsky, perdió inesperadamente contra un joven Andrej
Duda (PiS), que centró su campaña no sólo en la economía, sino
también en defender los “valores tradicionales”. Y es que en un
país conservador como Polonia, temas como el matrimonio entre
homosexuales o incluso la despenalización del aborto aún siguen
dividiendo a la sociedad. En el este del país, más rural,
envejecido, tradicional y menos desarrollado económicamente, Duda
encontró sus apoyos más fieles. Hay que tener en cuenta, también,
que en Polonia la influencia de la Iglesia católica es muy fuerte, y
que la sociedad es más tradicionalista que, por ejemplo, la de sus
vecinos alemanes, o que la española, por ejemplo.
En las
elecciones del pasado domingo los temas económicos dominaron también
el debate: el partido ganador, desde una perspectiva muy
intervencionista, ha propuesto tasar a los bancos y las grandes
empresas (argumenta, para proteger al pequeño comercio), se niega a
eliminar las subvenciones al carbón -un sector importante en
Polonia- y critica un crecimiento que consideran desigual (aun cuando
Polonia tiene una tasa de paro del 8%, relativamente “baja”).
También defiende “reindustrializar el país” para hacerlo menos
dependiente del gas ruso, que tiene en Polonia uno de sus principales
importadores. En cuestiones sociales, el ultraconservador programa de PiS defiende
“los valores tradicionales": veda al matrimonio gay, amplias
restricciones al aborto; mira con fuerte escepticismo a los
refugiados (pues, argumentan, pueden poner en peligro la religión católica) y
aboga por una política exterior más dura hacia Rusia.
Todo
ello configura no sólo un parlamento más conservador donde los
partidos de izquierda son relevados a un papel testimonial -el
Partido Socialista ha quedado relegado a una carta posición, con el
7,6% de los votos- sino que afectará a las relaciones con el resto
de la UE. PiS, aunque apoya la pertenencia a la Unión, ha declarado
públicamente que uno de sus espejos es el gobierno de Viktor Orbán,
cuyas acciones gubernamentales y su rechazo a la democracia liberal
han levantado un amplio revuelo en los pasillos de Bruselas. En temas
como la política económica, el euro, el futuro TTIP, la crisis de
los refugiados (donde el llamado “grupo de Visegrado”2
podría tener un impulso), el debate del 'Brexit' o las relaciones
con Rusia, todo apunta a que el nuevo ejecutivo polaco va a dar que hablar.