Sorpresa.
Esa ha sido probablemente la reacción de los distintos partidos
británicos al conocer los resultados de las elecciones del 7-M,
calificadas por los analistas como entre las más reñidas de los
últimos años. Entre otros, se señalan como elementos clave la
presencia de una coalición de gobierno -algo nada habitual en los gobiernos británicos-, el auge de un partido
eurófobo y populista triunfador en las pasadas elecciones europeas
de mayo de 2014, el repunte del nacionalismo escocés tras el
reciente referéndum independentista, o el que tiene planeado David
Cameron respecto a un potencial ‘brexit’en 2017. Como vemos,
todos son debates interesantes que auguran, a pesar de la potencial
inestabilidad parlamentaria o las dificultades para gobernar que
puedan suponer, un panorama "entretenido".
Como en todos
los comicios, el sistema electoral del país juega un papel
fundamental a la hora de “traducir” votos en escaños, y es
especialmente importante en el Reino Unido debido a sus
particularidades. Así, se trata de un sistema uninominal
mayoritario, en el que se elige un representante por cada
circunscripción de las 650 en que se divide el mapa electoral
británico. Su “particularidad” o “dificultad”, según se
mire, es que se rige mediante la fórmula mayoritaria, es decir, que 'first pass the post’: quien obtenga mayor número de
votos, aunque sea por un escaño de diferencia con el segundo
partido, se adjudica automáticamente la victoria en su
circunscripción. Esto puede causar distorsiones importantes, (un
partido puede ganar muchos votos pero obtener muy poca representación
en proporción, dependiendo del tamaño de los distritos en los que ganen sus candidatos) o beneficiar a los principales -tories y laboristas- en
detrimento del resto. También enfada –y con razón- a los LibDems,
quienes no dejan de pedir más proporcionalidad en el sistema
electoral.
Lo
anterior no es nada sorprendente: es el sistema con el que ha
convivido un país de una larga tradición parlamentaria, en el que en teoría se prima la estabilidad política, la cercanía con el votante (a la que obliga un sistema donde cada candidato se juega el 'todo o nada' en su circunscipción) y una
rendición de cuentas efectiva. La sorpresa la han dado los
resultados de la reciente cita electoral, como se ve en este gráfico.
Fuente: http://www.bbc.com/news/election/2015
De
esto pueden sacarse las siguientes claves:
-Victoria
rotunda de los Conservadores (331 escaños), a quienes ha funcionado su discurso
intentando dar confianza en el ciudadano y vender sus éxitos
económicos (aumento del PIB, bajada del paro -aun a cosa de los
'zero-hours contracts'-) El votante ha sido, literalmente,
conservador, a la hora de preferir seguir con la coalición a apoyar
nuevas fuerzas; coalición que, por otra parte, probablemente
desaparezca al obtener los tories la mayoría absoluta. Mientras
muchos (buena parte de los votantes y de las grandes empresas) temen
la idea de un referéndum en 2017 sobre una posible salida del país
de la UE, Cameron -vendido como un líder moderado dentro del
partido- afianza su posición en un sistema en el que los propios
partidos no dudan en tumbar a los líderes que no son de su agrado.
-El
otro gran ganador, el SNP (Partido Nacionalista Escocés), se ha
alzado con 56 de 59 escaños, lo que además de suponer un importante batacazo
para los Laboristas en Escocia -un feudo en el que tradicionalmente
eran fuertes- se traducirá en una mayor capacidad de negociación
frente al gobierno central. John Carlin apuntaba en un artículo que
es muy probable que el gobierno no tarde mucho en afrontar un nuevo
referéndum sobre la independencia escocesa. Por su parte, los
nacionalistas galeses también han apuntalado sus escaños, con lo
que, en definitiva, el gobierno Cameron deberá tener en su agenda el
debate de la cesión de competencias a las regiones.
-La
derrota de los Laboristas, Liberal-demócratas y UKIP ha sido de lo
más comentado. Respecto a los primeros (232 escaños), entre los más perjudicados ha estado su líder, Ed Miliband, a quien muchos tachaban de poco carismático
y demasiado 'izquierdista' para el espectro británico. Para
explicar esta derrota muchos analistas apuntan a los malos resultados
obtenidos en Escocia por este partido, pero también a la mala prensa
que ha tenido el candidato laborista, a quien incluso cuestionaban
sus propias filas.
Los
LibDems aparecen también como los grandes derrotados, con sólo 8 asientos, después de
la gran popularidad que tuvieron en 2010, donde se alzaron con nada
menos que 57 escaños. Muchos confiaron en su programa moderado y
europeísta tanto como en su líder, Nick Clegg, quien prometía “centrar” políticamente al partido con el que no tardaría en
compartir gobierno, el Conservador, desde 2010. Esa alianza fue precisamente lo que les salió
tan caro, al tener que renunciar a muchas de sus medidas clave, como
la promesa de no subir las tasas universitarias o la reforma del
sistema electoral, hecho que sus votantes, como se acaba de ver, no
les han perdonado.
El
último derrotado ha sido el populista UKIP, que apenas ha logrado
un escaño. A pesar del tirón que disfrutó en las pasadas
elecciones europeas -recibiendo un 30% de los votos- el sistema
electoral del 'first pass the post' parece haber sido su peor
enemigo. No obstante, algunos seguimos pensando que el rechazo final
del votante a apoyar al UKIP en pro de opciones más “seguras” o
menos radicales habrá tenido también algo que ver...
Como
apunte, los tres líderes de los partidos anteriores han dimitido
apenas horas después de conocer sus resultados.
Sin embargo, y a pesar de la mayoría de la que goza el gobierno, no
parece que el futuro les vaya a ser fácil. La fuerza que ha ganado
el nacionalismo escocés -y en menor medida, el galés-, las
posibilidades de un nuevo referéndum sobre la independencia al calor
de este auge o, siguiendo con el tema referendos, el que plantea el
gobierno conservador para abandonar la UE en 2017, son algunos
ejemplos. Aquí los sectores más euroescépticos han jugado una
buena baza al imponer su criterio a un Cameron a quien algunos ven
quizás demasiado moderado. Muchas empresas, entidades como HSBC y
medios como 'The Economist' temen la idea de un 'brexit', mientras que
los euroescépticos (en el UKIP, pero también en las filas tories) y
muchos periódicos sensacionalistas presionan en sentido contrario. Y
otros debates como el apoyo a mayores restricciones a libre
circulación de ciudadanos comunitarios, el peso del Reino Unido en
el panorama internacional o la recuperación económica seguirán
estando sobre la mesa.