viernes, 8 de mayo de 2015

'Anarchy' in the UK?

Sorpresa. Esa ha sido probablemente la reacción de los distintos partidos británicos al conocer los resultados de las elecciones del 7-M, calificadas por los analistas como entre las más reñidas de los últimos años. Entre otros, se señalan como elementos clave la presencia de una coalición de gobierno -algo nada habitual en los gobiernos británicos-, el auge de un partido eurófobo y populista triunfador en las pasadas elecciones europeas de mayo de 2014, el repunte del nacionalismo escocés tras el reciente referéndum independentista, o el que tiene planeado David Cameron respecto a un potencial ‘brexit’en 2017. Como vemos, todos son debates interesantes que auguran, a pesar de la potencial inestabilidad parlamentaria o las dificultades para gobernar que puedan suponer, un panorama "entretenido".

Como en todos los comicios, el sistema electoral del país juega un papel fundamental a la hora de “traducir” votos en escaños, y es especialmente importante en el Reino Unido debido a sus particularidades. Así, se trata de un sistema uninominal mayoritario, en el que se elige un representante por cada circunscripción de las 650 en que se divide el mapa electoral británico. Su “particularidad” o “dificultad”, según se mire, es que se rige mediante la fórmula mayoritaria, es decir, que  'first pass the post’: quien obtenga mayor número de votos, aunque sea por un escaño de diferencia con el segundo partido, se adjudica automáticamente la victoria en su circunscripción. Esto puede causar distorsiones importantes, (un partido puede ganar muchos votos pero obtener muy poca representación en proporción, dependiendo del tamaño de los distritos en los que ganen sus candidatos) o beneficiar a los principales -tories y laboristas- en detrimento del resto. También enfada –y con razón- a los LibDems, quienes no dejan de pedir más proporcionalidad en el sistema electoral.

Lo anterior no es nada sorprendente: es el sistema con el que ha convivido un país de una larga tradición parlamentaria, en el que en teoría se prima la estabilidad política, la cercanía con el votante (a la que obliga un sistema donde cada candidato se juega el 'todo o nada' en su circunscipción) y una rendición de cuentas efectiva. La sorpresa la han dado los resultados de la reciente cita electoral, como se ve en este gráfico.



Fuente: http://www.bbc.com/news/election/2015


De esto pueden sacarse las siguientes claves:


-Victoria rotunda de los Conservadores (331 escaños), a quienes ha funcionado su discurso intentando dar confianza en el ciudadano y vender sus éxitos económicos (aumento del PIB, bajada del paro -aun a cosa de los 'zero-hours contracts'-) El votante ha sido, literalmente, conservador, a la hora de preferir seguir con la coalición a apoyar nuevas fuerzas; coalición que, por otra parte, probablemente desaparezca al obtener los tories la mayoría absoluta. Mientras muchos (buena parte de los votantes y de las grandes empresas) temen la idea de un referéndum en 2017 sobre una posible salida del país de la UE, Cameron -vendido como un líder moderado dentro del partido- afianza su posición en un sistema en el que los propios partidos no dudan en tumbar a los líderes que no son de su agrado.

-El otro gran ganador, el SNP (Partido Nacionalista Escocés), se ha alzado con 56 de 59 escaños, lo que además de suponer un importante batacazo para los Laboristas en Escocia -un feudo en el que tradicionalmente eran fuertes- se traducirá en una mayor capacidad de negociación frente al gobierno central. John Carlin apuntaba en un artículo que es muy probable que el gobierno no tarde mucho en afrontar un nuevo referéndum sobre la independencia escocesa. Por su parte, los nacionalistas galeses también han apuntalado sus escaños, con lo que, en definitiva, el gobierno Cameron deberá tener en su agenda el debate de la cesión de competencias a las regiones.

-La derrota de los Laboristas, Liberal-demócratas y UKIP ha sido de lo más comentado. Respecto a los primeros (232 escaños), entre los más perjudicados ha estado su líder, Ed Miliband, a quien muchos tachaban de poco carismático y demasiado 'izquierdista' para el espectro británico. Para explicar esta derrota muchos analistas apuntan a los malos resultados obtenidos en Escocia por este partido, pero también a la mala prensa que ha tenido el candidato laborista, a quien incluso cuestionaban sus propias filas.

Los LibDems aparecen también como los grandes derrotados, con sólo 8 asientos, después de la gran popularidad que tuvieron en 2010, donde se alzaron con nada menos que 57 escaños. Muchos confiaron en su programa moderado y europeísta tanto como en su líder, Nick Clegg, quien prometía “centrar” políticamente al partido con el que no tardaría en compartir gobierno, el Conservador, desde 2010. Esa alianza fue precisamente lo que les salió tan caro, al tener que renunciar a muchas de sus medidas clave, como la promesa de no subir las tasas universitarias o la reforma del sistema electoral, hecho que sus votantes, como se acaba de ver, no les han perdonado.

El último derrotado ha sido el populista UKIP, que apenas ha logrado un escaño. A pesar del tirón que disfrutó en las pasadas elecciones europeas -recibiendo un 30% de los votos- el sistema electoral del 'first pass the post' parece haber sido su peor enemigo. No obstante, algunos seguimos pensando que el rechazo final del votante a apoyar al UKIP en pro de opciones más “seguras” o menos radicales habrá tenido también algo que ver...
Como apunte, los tres líderes de los partidos anteriores han dimitido apenas horas después de conocer sus resultados.

Sin embargo, y a pesar de la mayoría de la que goza el gobierno, no parece que el futuro les vaya a ser fácil. La fuerza que ha ganado el nacionalismo escocés -y en menor medida, el galés-, las posibilidades de un nuevo referéndum sobre la independencia al calor de este auge o, siguiendo con el tema referendos, el que plantea el gobierno conservador para abandonar la UE en 2017, son algunos ejemplos. Aquí los sectores más euroescépticos han jugado una buena baza al imponer su criterio a un Cameron a quien algunos ven quizás demasiado moderado. Muchas empresas, entidades como HSBC y medios como 'The Economist' temen la idea de un 'brexit', mientras que los euroescépticos (en el UKIP, pero también en las filas tories) y muchos periódicos sensacionalistas presionan en sentido contrario. Y otros debates como el apoyo a mayores restricciones a libre circulación de ciudadanos comunitarios, el peso del Reino Unido en el panorama internacional o la recuperación económica seguirán estando sobre la mesa.