Parece que no se habla de otra cosa: en
las calles, en las cenas pre-navideñas, en los bares… que de política. Y es que
durante estos años de crisis económica y corrupción por doquier los españoles,
cada uno desde sus preferencias, nos hemos movilizado, despertado de un largo
letargo de apoliticismo y cierta indiferencia del que habíamos hecho gala,
salvo momentos puntuales (alternancia en el gobierno -en 1996 o 2004-, surgimiento de movimientos sociales como
el 15-M, etc.)
Las encuestas del CIS[1]
lo vienen reflejando desde 2014, momento en el que los entrevistados señalan a “la
clase política” y la “corrupción” entre los temas que más les preocupan, junto
con el paro o la crisis económica, evidentemente.
En estas elecciones hay muchas claves en
juego que las hacen especialmente decisivas y apasionantes para los aficionados a la política, pero en general, a todo el mundo en mayor o menor
medida están interesando.
Intentando sintetizar mucho, hay varios puntos que señalar
sobre estas elecciones y la campaña en general:
1)
La situación de España a nivel económico
Objetivamente hablando (es decir, si nos
fijamos sólo en los “grandes números”) España mejora económicamente. Su PIB crece
al 3,2 % respecto al año anterior, le es mucho más fácil financiarse en los
mercados internacionales (aun con un elevado déficit público y una deuda
pública muy alta -rondando el 98% del PIB-) un desempleo que, aunque
tímidamente, ha iniciado una tendencia a bajar pero sigue siendo muy elevado (21,6%
en octubre) A esto se une que una serie de circunstancias internacionales
benefician a nuestra economía: el precio del petróleo está la baja, lo que
favorece las exportaciones; además, el turismo ha repuntado durante los dos
últimos años, a lo que contribuyen también las políticas del Banco Central Europeo
de ‘quantitative easing’ -política de flexibilización cuantitativa -.
Sin embargo, la otra cara de la moneda es
el aumento de las desigualdades sociales (como señala la OCDE aquí[2]),
un número aún preocupante de desempleados (más de cuatro millones según el SNE)
y, en definitiva, una lenta recuperación que aún no han sentido todos los
sectores del país.
2)
Los españoles ¿hemos cambiado?
A juzgar por los barómetros del CIS, y
por la percepción “a pie de calle” parece que nos preocupa más la política; así, somos más críticos por ejemplo con la corrupción, probablemente, debido a que, quizás,
durante los años de bonanza económica se “disculpaba” o tendía a minusvalorar el
alcance de la misma. Pero hoy hemos constatado que existe, afecta a partidos de
uno y otro signo, y que ha empañado a cajas de ahorros, Ayuntamientos y Gobiernos autonómicos, incluso salpicando a las propias instituciones del Estado (caso Noos). La constante aparición en los medios de comunicación de cargos públicos imputados por
delitos varios (cohecho, prevaricación…englobados todos ellos bajo la categoría
de “corrupción”) ha ayudado a alimentar este sentido crítico y a crear un sentimiento generalizado de rechazo a la corrupción, al "todo vale", del que se espera se refleje en las urnas.
Por otra parte, el surgimiento de movimientos
como el 15-M, o de nuevos partidos (UPyD primero, Ciudadanos a nivel nacional y Podemos) han puesto sobre la mesa, desde diferentes posiciones,
debates que parecían dormidos, tan variados como la pertinencia de reformar la ley
electoral o las circunscripciones, el papel de instituciones como el Senado, las
medidas contra la corrupción, las formas de participación más allá de las urnas
(los referendos, las ILPs, etc.) A raíz de ello creció el interés del español
de a pie por la política, informándose, preguntando, constatando que carreras
como Ciencias Políticas “no se estudian para ser político”; en resumen, cuestionándose el porqué de la realidad política en la que vive.
Sin embargo, la cultura política aún
tiene que mejorarse. Esto es, necesitamos “saber de política”. Que el voto no
es obligatorio, lo que significa votar en blanco respecto a votar nulo, o para
qué sirve –teóricamente al menos- el Senado, por citar algunos ejemplos. Esa
carencia puede hacernos más manipulables por parte de los partidos,
especialmente por quienes puedan aprovecharse de ello (apelando al “voto del
miedo”, por ejemplo). Pero también revela la falta de “pedagogía política” por
parte de buena parte de la clase política. Esto es, la capacidad de explicar
cuestiones complejas (de economía, políticas públicas o reformas en instituciones,
por ejemplo) al ciudadano medio, aun sabiendo que quizás el recurso a la
demagogia es más fácil o rentable electoralmente. Se trata de una cuestión hasta de “responsabilidad”
entre representante y representado, y una faceta de la “rendición de cuentas”: tener
que explicar las medidas adoptadas tratando al ciudadano como lo que se
entiende debería ser, un adulto con criterio, y no un niño.
3)
Un Congreso muy diverso.
Y es que por primera vez desde 1977, que
se celebraran las primeras elecciones democráticas desde la muerte de Franco,
no nos encontrábamos con un Congreso tan potencialmente fragmentado: frente a los dos
partidos hegemónicos que gobernaron desde 1982, PP y PSOE, hoy se alzan otros dos,
Ciudadanos y Podemos, con posibilidades de condicionar seriamente a un futuro
gobierno. Según las encuestas, ningún partido obtendrá mayoría absoluta, con lo
que se verá obligado a pactar con otro(s) para ser así investido y formar
gobierno. Sin embargo, las conjeturas sobre futuros pactos son tan complicadas e inciertas que
ningún experto ha osado atreverse a dibujarlas, pues todo dependerá –apuntan
algunos- del poder negociador de cada partido en función de los escaños que
obtenga.
En relación a los escaños, conviene
mencionar una cuestión interesante sobre el sistema electoral español. A
grandes rasgos, se trata de un sistema proporcional, teóricamente mixto como
opina el profesor Martínez Sospedra, pero “fuertemente mayoritario” en la
práctica. Ello es consecuencia de, a grandes rasgos, el establecimiento de la
provincia como circunscripción electoral (artículo 68 de la Constitución), de
un número de escaños relativamente bajo en proporción a las circunscripciones,
y de un reparto de escaños por circunscripción que 1) sobre representa a las
provincias pequeñas pues se les asignaron más escaños que los que les corresponderían
y en consecuencia 2) el voto “vale más” en ellas que en las grandes (en Soria
respecto a Madrid, por ejemplo) y en última instancia 3) el bipartidismo sale
reforzado, pues es más difícil para terceros partidos conseguir los pocos
escaños que hay en juego, con lo que se refuerza ese sesgo mayoritario.
Pero lo que ha sucedido en la actualidad
es que los partidos emergentes (C’s y
Podemos), según apuntan las diversas encuestas, pueden superar ese “castigo” del sistema
electoral, logrando disputar los escaños en juego en las provincias más
pequeñas, dominados hasta ahora, y en la mayoría de los casos, por los partidos
hegemónicos, o bien por las candidaturas regionalistas/nacionalistas. Una total
de 26 provincias donde sólo se eligen entre dos y cinco diputados, que son
clave. Entre todas suman 102 escaños, y hasta ahora, con escasas excepciones,
eran puramente bipartidistas: el PP y el PSOE se repartían los escaños en juego
cómodamente. Uno de los retos de los “nuevos partidos” es precisamente poder ganar
escaños en dichas provincias.
4) ¿Una campaña diferente?
Aunque se ha tratado de una campaña
relativamente corta, algunos partidos, sobre todo los “nuevos”, ya habían
comenzado a exponer sus mensajes e incluso algunas de sus propuestas (como el
caso de la presentación de partes del programa de Ciudadanos a principios de
año) Se ha caracterizado por la presencia casi permanente de los candidatos en
programas televisivos de debate o entretenimiento, la producción ingente de
tuits y, en líneas generales, del predominio del marketing y de la imagen de
los partidos y de sus “primeros espadas”.
Ello puede tener lecturas positivas,
al intentar “humanizar” a los candidatos (¿acaso no son personas corrientes?) o
dar la oportunidad de que expongan sus medidas con mayor claridad (frecuentes
entrevistas, numerosos debates el TV y en la web, constante exposición a la
opinión pública, etc.) Pero también, negativas: puede dar la sensación, como
apuntaba el politólogo Jorge Galindo aquí, ”de que todo está demasiado medido y
calculado”, de falta de naturalidad en aras de no intentar cometer errores,
especialmente por parte de las “nuevas” fuerzas políticas. De ello se podría
concluir que, en última instancia, ha predominado, en general, el marketing, la
imagen, el eslogan facilón y el debate simple en Twitter (¿expresar una idea
compleja en 140 caracteres?) por encima de la calidad de los programas o la
profundidad de las ideas y diagnósticos. Pero será lo que suceda en el futuro
lo que desmienta o confirme tal afirmación.
En cuanto a los temas que han predominado en la campaña, también hay que señalar la diversidad existente: a los "clásicos" como la economía, el paro, el sistema educativo, los servicios públicos o el mantenimiento de las pensiones se han añadido (o ganado importancia) otros más complejos como la regeneración política e institucional, la lucha contra la corrupción, las desigualdades sociales o la reforma del sistema electoral, por citar algunos ejemplos. Aún se echa de menos hablar más de cultura, de la Unión Europea o del papel exterior de España, pero sí que algunos temas como la seguridad han ganado terreno, vinculados al auge del terrorismo yihadista encarnado en el DAESH.
Lo que parece claro es que la campaña ha jugado finalmente un papel importante, teniendo en cuenta el elevado número de indecisos, lo que puede dar sorpresas de última hora.
En cuanto a los temas que han predominado en la campaña, también hay que señalar la diversidad existente: a los "clásicos" como la economía, el paro, el sistema educativo, los servicios públicos o el mantenimiento de las pensiones se han añadido (o ganado importancia) otros más complejos como la regeneración política e institucional, la lucha contra la corrupción, las desigualdades sociales o la reforma del sistema electoral, por citar algunos ejemplos. Aún se echa de menos hablar más de cultura, de la Unión Europea o del papel exterior de España, pero sí que algunos temas como la seguridad han ganado terreno, vinculados al auge del terrorismo yihadista encarnado en el DAESH.
Lo que parece claro es que la campaña ha jugado finalmente un papel importante, teniendo en cuenta el elevado número de indecisos, lo que puede dar sorpresas de última hora.
5)
¿Una nueva política?
Si
bien no sólo son los partidos, sino también los ciudadanos, quienes hacemos
política (al ser críticos, informarnos, participar en causas que creamos
justas, votar con criterio o condenar la corrupción, por ejemplo) todo apunta a
que el surgimiento de nuevas fuerzas políticas es una muestra de la mayor
madurez política de nuestra sociedad. Aún es pronto para determinar si las
nuevas opciones solucionarán los problemas que más preocupan (económicos,
crisis de las instituciones, desempleo, etc.) o si caerán en los errores de los
“viejos” partidos a los que critican. Los retos a los que se enfrente el próximo gobierno son difíciles: el encaje de Cataluña en España, la gestión de la recuperación económica, el sostenimiento del Estado del Bienestar frente al progresivo envejecimiento poblacional y la mermad de recursos, o el reto del yihadismo como enemigo de las democracias, por citar algunos. No obstante y sin dudarlo, es un buen momento para canalizar
las ansias de cambio que demanda el grueso de la sociedad. Sobre todo por parte de los jóvenes, una juventud crítica y
comprometida que ve en la Transición de los años 70 un hecho del que nos
sentimos agradecidos pero, a la vez, lejanos en el tiempo.
De las urnas del
próximo domingo debe salir una nueva forma de hacer política, al margen de las
preferencias de cada uno. Y es que estamos viviendo un momento histórico, del
que se espera una actitud por parte de la sociedad y de los políticos acorde
con tan grande responsabilidad.
Desde este blog no se apoya, como viene
siendo habitual, a ninguna candidatura. Pero sí se anima, encarecidamente, a ir
a votar el próximo 20 de diciembre.