Con estas palabras se sorprendía cínicamente el capitán Renault en la mítica 'Casablanca', en una famosa escena de la película que para los que aún no la hayan visto no voy a desvelar. Rescato este guiño cinéfilo para hablar sobre un caso particularmente grave que copa las portadas de prácticamente todos los medios: el espionaje masivo de EEUU a nada menos que 35 países aliados.
A estas alturas, no nos debería sorprender que en nuestro 'local' se juega, y me refiero al hecho de que todos los países tengan servicios de inteligencia (espías) actuando desde la legalidad -se supone- y cuya información obtenida puede ser muy valiosa por motivos de seguridad, geoestratégicos, etc. (otra cosa es cómo se haya obtenido esa información...)
Hasta aquí, esto no debería asombrarnos, en un mundo en el que la vida privada vale cada vez menos y la exponemos constantemente cual escaparate (Facebook, twitter, etc.)
Lo que realmente es preocupante es que sea EEUU, supuestamente el adalid de la libertad individual y la privacidad, quien haya espiado durante años no sólo a sus ciudadanos -y a una mayoría, según las encuestas, parece darles igual este hecho- sino a los de otros países aliados, saltándose cualquier noción básica de 'soberanía' que se tenga. Argumentan que la seguridad de todos está por encima (y aún si va en contra de) la privacidad de cada uno -algo que haría a Ben Franklin revolverse en su tumba sin duda-.
Es inconcebible, opino, que el Gobierno de Barack Obama admita sin rubor alguno que "todos los países espían" y que "ello sirve para salvar vidas" (¿nos han ejemplificado cuáles?), aun a costa de pisotear la privacidad e intimidad de las personas, espiando llamadas telefónicas, emails y correos de líderes, empresas y ciudadanos. Yendo más lejos, la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), no 'contenta' con espiar a ciudadanos estadounidenses, ha expandido su 'misión' a otras naciones aliadas.
Así, en Alemania, el enfado ciudadano de un país que sufrió a la Gestapo nazi y a la Stasi comunista ha trascendido hasta convertirse en un tema importante en las pasadas elecciones. A la canciller Angela Merkel no le ha temblado el pulso a la hora de pedir explicaciones, como tampoco se ha hecho esperar la reacción del Gobierno francés a tal efecto, país también afectado por las actividades de la NSA -que el periódico 'Le Monde' ha hecho bien en relatar con detalle-.
En España, un país 'jugoso' para la NSA donde según revela el diario 'El Mundo' se 'pincharon' nada menos que 60 millones de llamadas en un mes, la legislación al respecto, afortunadamente, es bastante garantista; así, no se ha registrado el contenido de las llamadas, sino 'sólo' el número de serie de los aparatos que se comunican, el lugar donde se encuentran, el número de teléfono de las tarjetas SIM usadas y la duración de la llamada (también se incluye el uso de internet, el correo electrónico y redes sociales)
Además, el registro de los datos llevado a cabo por la NSA supondría un delito de revelación de secretos recogido en los artículos 197 y ss. en el Código Penal. Por otra parte, la ley española 25/2007 de Conservación de Datos relativos a las comunicaciones electrónicas y redes públicas de comunicación protege la privacidad de este tipo de informaciones. Por encima de todo, para autorizar la intervención de las comunicaciones telefónicas es necesario el visto bueno de la autoridad judicial...
Mientras, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda y Australia disfrutan de un "pacto entre caballeros" según el cual estarían a salvo del espionaje de EEUU.
Este tema me preocupa especialmente por dos motivos: por un lado, pone en entredicho -una vez más- la legitimidad moral de los Estados Unidos, en un mundo donde países como Rusia y China -que tampoco pueden presumir de ´respetuosos con los Derechos fundamentales'- pujan cada vez con más fuerza en el ámbito internacional. Se les demuestra, además, la poca confianza que debe tener el Gobierno estadounidense hacia sus países aliados, sumiéndolos en un escenario de 'Guerra Fría' que ya creíamos todos haber dejado atrás.
Por otra parte, se intenta justificar la salvaguarda de la "seguridad colectiva" a costa de los derechos y la intimidad individuales, catalogados como "Fundamentales" en la mayoría de ordenamientos democráticos (en España, artículo 18 de la Constitución). El fin debe ser proporcional a los medios y en ningún caso se justifica cualquier medio para alcanzar aquél en un Estado democrático.
El poder del Estado nunca debería ser tan grande como para poner en tela de juicio la anterior afirmación: existen y deben existir servicios de inteligencia, sí, pero sujetos a la legalidad; se espía desde los Gobiernos, sí, pero para ello existen cauces legales -la autorización judicial- como dique a la acción del poder, que en todo caso deben cumplirse. De no ser así, se dejaría la puerta abierta a cualquier exceso. Sin olvidar el papel que juega Estados Unidos en nuestras relaciones diplomáticas, pienso que se debería protestar claramente contra estos abusos.
El poder del Estado nunca debería ser tan grande como para poner en tela de juicio la anterior afirmación: existen y deben existir servicios de inteligencia, sí, pero sujetos a la legalidad; se espía desde los Gobiernos, sí, pero para ello existen cauces legales -la autorización judicial- como dique a la acción del poder, que en todo caso deben cumplirse. De no ser así, se dejaría la puerta abierta a cualquier exceso. Sin olvidar el papel que juega Estados Unidos en nuestras relaciones diplomáticas, pienso que se debería protestar claramente contra estos abusos.
JFR
PD: "Aquellos que pueden dejar la libertad esencial por obtener un poco de seguridad temporal, no merecen, ni libertad, ni seguridad." -Benjamin Franklin, padre fundador de los EEUU-.