jueves, 5 de mayo de 2011

justicia sin Justicia

                El pasado día 1 de mayo, medios de comunicación de todo el mundo retransmitían la noticia: el terrorista nº 1 del mundo, el más buscado, Osama Bin Laden, moría tras una operación militar orquestada por la Casa Blanca. En su propia casa – un chalet en un barrio residencial a apenas 50 km de Islamabad- y en apenas 40 minutos, los soldados encargados de la “operación” le liquidaron de un tiro en la cabeza. Versiones contradictorias afirman que hubo intercambio de disparos entre los inquilinos y los “visitantes”, aunque creo inoportuno y ambicioso pretender confirmarlas aquí.
Después de acabar con su vida, arrojan el cuerpo al mar, según fuentes de Defensa de los EEUU para “evitar el peregrinaje de los fanáticos” a su lugar de sepultura.
Horas más tarde, un fervor ultrapatriótico recorre las calles de Nueva York: creo que nunca había salido tanta gente a la calle…pare celebrar una muerte. Los gobiernos de Europa y de  miedo planeta alaban la labor, a la par que la mayoría de la opinión pública salvo algunos críticos con el procedimiento que se siguió. ¿Equivale apoyar la muerte de Bin Laden a defender la pena capital?
Conviene matizar que esta operación para acabar con la vida del terrorista más buscado no es equivalente a la inclusión de la pena de muerte en nuestros ordenamientos democráticos. La muerte del líder de Al Qaeda es un hecho aislado que, si bien es reprobable moralmente, lo considero positivo. Mejor hubiese sido haber sentado a Osama en el banquillo de un Tribunal y procesarle como lo requiere la legalidad. El proceso hubiese sido largo, pero en Occidente presumimos de hacer las cosas desde la ley, y no desde los kalashnikov o los atentados suicidas. Ello nos legitima, nos diferencia de cualquier terrorista o extremista que se precie. Pero vemos que en algunas ocasiones ello no puede ser así. Anteayer salió la noticia de que la información sobre el paradero de Bin Laden había sido obtenida mediante torturas ¿pero acaso la tortura no estaba prohibida? ¿justifica un fin cualquier medio? Y lo más importante ¿debemos elogiar la labor de los militares de Guantánamo –auténtica vergüenza del que presume ser un país civilizado- que han empleado los métodos más despreciables a la hora de buscar la información sobre Osama?
Curioso panorama en el que debemos replantearnos nuestros principio más elementales. ¿Pero entonces, no estaba la Ley por encima de todos? La muerte de Bin Laden no es algo banal, desde luego. No supone simplemente acabar con un fanático asesino. No es sólo vengar a los muertos en las Torres Gemelas, en Atocha, Londres o Moscú. Se ha hecho justicia, sí, pero sin Justicia.
PD: Y podrían haber enterrado su cuerpo, aunque fuese en secreto.
Este artículo fue publicado en el periódico El Mundo, el martes 10 de mayo de 2011.