Hoy
hace 86 años que un joven Georges Remi, alias Hergé, publicara un
cómic en blanco y negro sobre las aventuras de un imberbe reportero
en la Unión Soviética acompañado de su inseparable fox terrier
blanco. Con esa historia de marcado tono anticomunista protagonizada
por este reportero polifacético que nunca escribiría un artículo
nacía uno de los personajes de la cultura popular del Siglo XX:
Tintín.
A lo
largo de su obra, Hergé repasaría a través de las
aventuras del periodista -aparentemente infantiles- diversos hechos
que marcaban las preocupaciones geopolíticas de la época. No sólo en 'Tintín en América' se abordaban temas como las mafias o la discriminación ahcia los nativos americanos: también 'El
Loto Azul' (1934) denunciaba los afanes imperialistas de Japón
desde una actitud marcadamente pro-china que contrastaba con el
pensamiento dominante en la época y denunciando, además, los
prejuicios existentes en Occidente hacia la cultura china. En 'La
Oreja Rota' (1935) repasaba la situación de las 'repúblicas
bananeras' y los sucesivos golpes de Estado que padecerían buena
parte de los países de América Latina, desde una óptica
caricaturesca con toques de suspense sin duda muy ingeniosa. Un
retrato además estupendo de la 'Guerra del Chaco', que enfrentaría
a Paraguay y Bolivia y en la que el comercio de armas a ambos bandos
-también reflejado en el libro- tendría un importante protagonismo. Pero,
probablemente, uno de los álbumes más valientes del autor belga sea 'El cetro de Ottokar', una historia ambientada en dos países
balcánicos ficticios, Syldavia y Borduria, que guardaba un claro
paralelismo con la anexión de Austria por la Alemania de Hitler en
1938. Una historia de dichas características, en 1939, obligaba a
actuar con pies de plomo, pero eso no pareció intimidar a Hergé
quien, por otra parte, no escaparía a las acusaciones de
colaboracionismo (!?) una vez terminada la guerra.
Los
álbumenes posteriores no olvidarían tampoco las tramas de aventuras
-ahí está 'El secreto del Unicornio' o aquella estupenda 'Las
siete bolas de cristal' que planteaba, en medio de una historia con
toques fantásticos, el debate sobre la pertenencia de 'expoliar' el
patrimonio de otros países con el pretexto de protegerlo- mientras
otras seguirían ambientándose en la geopolítica más candente: es
el caso de los conflictos en Oriente Medio a causa del petróleo -en
'El país del oro negro'- el tráfico de drogas -'El cangrejo de las
pinzas de oro'- o incluso de esclavos -en 'Stock de Coque-. Tampoco
la situación en Latinoamérica se pasaría por alto en 'Tintín y
los Pícaros', donde se retrataba un peculiar golpe de Estado
orquestado por payasos y sin derramamiento de sangre.
Hergé
fallecía a principios de los 80 dejando una obra única y adulta
que, desde su aparente sencillez, es un repaso -no profundo ni
académico pero sí original- a la Historia contemporánea de este
último siglo. También la sobriedad de sus dibujos, el encanto de
sus personajes, la madurez de muchos de los temas que plantea y la
riqueza de sus tramas son otros de sus principales activos.
El
recuerdo a la obra de Hergé coincide tristemente con el recuerdo del
reciente atentado terrorista a la revista Charlie Hebdo en París, en
el que fueron asesinados doce periodistas de este semanario satírico,
amenazado por sus irreverentes viñetas sobre Mahoma y la religión
musulmana. Un hecho que muchos han calificado como un ataque al
corazón de los valores de cualquier sociedad civilizada y
democrática, que ha puesto en vilo a la opinión pública. Mientras
miles de personas se solidarizan en las calles en apoyo a las
víctimas y a la libertad de expresión, se reabren multitud de
debates espinosos: los límites de la libertad de expresión (¿debe
haber barreras a satirizar una religión?), la espada de Damocles de la amenaza terrorista,
las políticas de integración a inmigrantes, el balance libertad
vs seguridad a la hora de perseguir el terrorismo...
No se
debe menospreciar el poder que puede tener una viñeta, un cómic o
cualquier publicación, sobre todo en la sociedad de la información
en la que vivimos. Y es precisamente por ello por lo que la libertad
de expresión como pilar fundamental de cualquier sociedad, de ser
libres para publicar historias sobre reporteros que denuncian
dictaduras, novelas políticamente incorrectas o dibujos irreverentes debería ser protegida y reivindicada
hoy más que nunca. ¿Qué otra cosa estaría haciendo Hergé?.