La situación de Grecia en la
actualidad suscita un rico debate sobre multitud de temas como el alcance de la
soberanía nacional, las capacidades de la eurozona para solucionar los
problemas de los Estados Miembros, la necesidad de contar con instituciones
políticas sólidas y una economía acorde con los estándares europeos...pero
también se generan interrogantes como la legitimidad democrática, la idea de
soberanía nacional vs. supranacional o la pertinencia de llevar a cabo medidas
duras e impopulares con el fin de generar crecimiento y confianza a largo
plazo.
El estado de las cosas en la República Helena se ha
agravado, si cabe, tras la victoria del “No” en el referéndum convocado el
pasado domingo, en el que se preguntaba a los ciudadanos griegos si apoyaban o
rechazaban el paquete de medidas propuesto por la UE, como condición de
proseguir con los “rescates” a la economía helena.
Sin entrar en la conveniencia o no
de tal plebiscito, es desde luego muy complicado opinar desde fuera del país
sobre un asunto tan trascendental. Los griegos han perdido años de crecimiento
económico y poder adquisitivo –el PIB per cápita en 2014 se encontraba al mismo
nivel que casi el de 2003-, mientras los sucesivos gobiernos aplicaban severas
políticas de austeridad con el fin de cumplir con los compromisos de la UE y
conseguir disfrutando del acceso a los fondos procedentes de los “rescates”.
Como dato, la inestabilidad llegó a ser tan elevada que en 2011 el gobierno
decidió relevar la cúpula militar del país.
Resulta comprensible, en esta coyuntura, la
victoria del “no”, fruto del enfado y el hastío del griego de a pie, del
pensionista, del desempleado, del joven a quien se plantea un muy difícil futuro
laboral … Este descontento es lo que lleva propiciando el ascenso de fuerzas
como Syriza o de movimientos más radicales como el comunista KKE o el
abiertamente neonazi ‘Amanecer Dorado’, que han crispado el clima no sólo
político sino también social, introduciendo discursos muy críticos con la UE,
el euro o la clase política que había gobernado el país en los últimos años
–representada por Nueva Democracia y PASOK-. Así, en éstos se ha presentado a la UE como un lastre para la soberanía nacional (un aspecto en el que tanto Syriza como la derechista-nacionalista ANEL, socia de gobierno, hacen hincapié).
Sin embargo, desde una perspectiva
“a largo plazo”, y pensando no sólo en el interés inmediato de la población,
sino también en el de Europa como proyecto, haber aceptado tales medidas
propuestas por la UE – es decir, la victoria del “sí”- hubiese -pienso- facilitado las
cosas. Entre otras, por las siguientes razones:
-Grecia, tras sus titánicos
esfuerzos, había conseguido mejorar levemente su situación económica -creciendo
un 0,8 % en 2014, el mejor dato en 6 años, ver gráfico abajo-, apuntalado sus
instituciones y sus sistemas fiscal (aun a costa de aumentar impuestos, pero
logrando una mayor eficiencia) y de pensiones. Por otro lado, se reactivó la
industria entre 2011 y 2013, y la balanza comercial mejoró sus resultados,
reflejando en 2013 un superávit por
cuenta corriente de 1.240 millones de euros –un 0,7 % del PIB-. Sin embargo, el
paro –que había iniciado una tendencia a bajar- sigue siendo el más alto de la
Eurozona y la deuda pública helena ronda el 177% del PIB. Y es precisamente
generar confianza lo que necesita Grecia, si quiere que las instituciones
europeas, los países “acreedores” –tenedores de deuda- y los inversores
internacionales puedan dar un respiro a la asfixiante situación de la deuda
pública, a través de la compra de ésta.
PIB de Grecia desde 2008
Fuente: http://www.datosmacro.com/pib/grecia. Datos de cada año: 2008: PIB decrece -0,40%. 2011: PIB decrece -8,90%. 2014: PIB crece 0,80%. El primer trimestre de 2015 arroja un decrecimiento del PIB de -0,2% respecto al cuarto trimestre de 2014.
-La situación en la actualidad urge
que tanto Grecia como la Eurozona negocien seriamente sus posiciones y lleguen
a un acuerdo, huyendo de posturas dogmáticas. Grecia necesita urgentemente
liquidez con la que pagar los intereses que venzan con más proximidad -para lo
que está recurriendo a medidas como una amnistía fiscal a los depósitos en el
extranjero o al empleo de los fondos destinados a las pensiones-, así como
generar confianza en los inversores extranjeros como ya se ha comentado.
-Se necesita, en definitiva,
despejar los temores de un eventual 'Grexit', que sería nefasto para la UE pero
sobre todo para el país heleno. A pesar de que algunas voces –cierta prensa y
algunos políticos de países como Alemania o Finlandia, particularmente
estrictos en este tema- defienden tal medida (desde la teoría de que “hay que
amputar el miembro enfermo para salvar la vida del paciente”) las instituciones
europeas no están por la labor. Así, la salida de Grecia del euro -mecanismo
por otra parte no previsto en los Tratados- y la consiguiente vuelta al dracma, supondría
para Grecia tener una divisa mucho más débil con la que afrontar un enorme grueso
de deuda pública del 177 % del PIB (en euros claro). Además, la UE quedaría en entredicho como proyecto
político, al tiempo que países como Rusia no tardarían en acercar a una Grecia aún más empobrecida (y quizás fuera del espacio europeo) a sus órbitas de
influencia.
El gobierno actual, liderado por
Alexis Tsipras, tiene en sus manos una gran responsabilidad. Parece comprensible
querer reestructurar la deuda -negociando los plazos en los que ésta debe
pagarse, por ejemplo- como ha sucedido en el pasado, en situaciones diferentes,
con otros países europeos y latinoamericanos. Pero la intransigencia y el populismo no ayudan y menos en una situación como la actual que parece
más tensa que nunca: los límites impuestos a los bancos para racionar el dinero
en efectivo (de 60 € por persona y día) las inflexibles posiciones de algunos
estados miembros y el resultado del referéndum del domingo juegan en contra de
Grecia. Siempre queda pensar que Euclid Tsakalotos, el nuevo Ministro de
Finanzas, sea más flexible que su antecesor, que la UE aplique sensatez a sus
decisiones –al tiempo que firmeza, si quiere ser tomada en serio- para lograr sacar a Grecia del atolladero.
Soluciones como amenazar con el ‘grexit’ o la salida del euro / vuelta al
dracma deberían ser retiradas de la mesa de negociaciones, por cualquiera de
las partes.
Los datos de este artículo han sido obtenidos de:
http://www.datosmacro.com/pib/grecia
https://es.santandertrade.com/analizar-mercados/grecia/politica-y-economia
