miércoles, 8 de julio de 2015

Grecia, en la encrucijada


La situación de Grecia en la actualidad suscita un rico debate sobre multitud de temas como el alcance de la soberanía nacional, las capacidades de la eurozona para solucionar los problemas de los Estados Miembros, la necesidad de contar con instituciones políticas sólidas y una economía acorde con los estándares europeos...pero también se generan interrogantes como la legitimidad democrática, la idea de soberanía nacional vs. supranacional o la pertinencia de llevar a cabo medidas duras e impopulares con el fin de generar crecimiento y confianza a largo plazo.

El estado de las cosas en la República Helena se ha agravado, si cabe, tras la victoria del “No” en el referéndum convocado el pasado domingo, en el que se preguntaba a los ciudadanos griegos si apoyaban o rechazaban el paquete de medidas propuesto por la UE, como condición de proseguir con los “rescates” a la economía helena.
Sin entrar en la conveniencia o no de tal plebiscito, es desde luego muy complicado opinar desde fuera del país sobre un asunto tan trascendental. Los griegos han perdido años de crecimiento económico y poder adquisitivo –el PIB per cápita en 2014 se encontraba al mismo nivel que casi el de 2003-, mientras los sucesivos gobiernos aplicaban severas políticas de austeridad con el fin de cumplir con los compromisos de la UE y conseguir disfrutando del acceso a los fondos procedentes de los “rescates”. Como dato, la inestabilidad llegó a ser tan elevada que en 2011 el gobierno decidió relevar la cúpula militar del país.

 Resulta comprensible, en esta coyuntura, la victoria del “no”, fruto del enfado y el hastío del griego de a pie, del pensionista, del desempleado, del joven a quien se plantea un muy difícil futuro laboral … Este descontento es lo que lleva propiciando el ascenso de fuerzas como Syriza o de movimientos más radicales como el comunista KKE o el abiertamente neonazi ‘Amanecer Dorado’, que han crispado el clima no sólo político sino también social, introduciendo discursos muy críticos con la UE, el euro o la clase política que había gobernado el país en los últimos años –representada por Nueva Democracia y PASOK-. Así, en éstos se ha presentado a la UE como un lastre para la soberanía nacional (un aspecto en el que tanto Syriza como la derechista-nacionalista ANEL, socia de gobierno, hacen hincapié).

Sin embargo, desde una perspectiva “a largo plazo”, y pensando no sólo en el interés inmediato de la población, sino también en el de Europa como proyecto, haber aceptado tales medidas propuestas por la UE – es decir, la victoria del “sí”- hubiese -pienso- facilitado las cosas.  Entre otras, por las siguientes razones:

-Grecia, tras sus titánicos esfuerzos, había conseguido mejorar levemente su situación económica -creciendo un 0,8 % en 2014, el mejor dato en 6 años, ver gráfico abajo-, apuntalado sus instituciones y sus sistemas fiscal (aun a costa de aumentar impuestos, pero logrando una mayor eficiencia) y de pensiones. Por otro lado, se reactivó la industria entre 2011 y 2013, y la balanza comercial mejoró sus resultados, reflejando  en 2013 un superávit por cuenta corriente de 1.240 millones de euros –un 0,7 % del PIB-. Sin embargo, el paro –que había iniciado una tendencia a bajar- sigue siendo el más alto de la Eurozona y la deuda pública helena ronda el 177% del PIB. Y es precisamente generar confianza lo que necesita Grecia, si quiere que las instituciones europeas, los países “acreedores” –tenedores de deuda- y los inversores internacionales puedan dar un respiro a la asfixiante situación de la deuda pública, a través de la compra de ésta.

PIB de Grecia desde 2008


Fuente: http://www.datosmacro.com/pib/grecia. Datos de cada año: 2008: PIB decrece -0,40%. 2011: PIB decrece -8,90%. 2014: PIB crece 0,80%. El primer trimestre de 2015 arroja un decrecimiento del PIB de -0,2% respecto al cuarto trimestre de 2014.


-La situación en la actualidad urge que tanto Grecia como la Eurozona negocien seriamente sus posiciones y lleguen a un acuerdo, huyendo de posturas dogmáticas. Grecia necesita urgentemente liquidez con la que pagar los intereses que venzan con más proximidad -para lo que está recurriendo a medidas como una amnistía fiscal a los depósitos en el extranjero o al empleo de los fondos destinados a las pensiones-, así como generar confianza en los inversores extranjeros como ya se ha comentado.

-Se necesita, en definitiva, despejar los temores de un eventual 'Grexit', que sería nefasto para la UE pero sobre todo para el país heleno. A pesar de que algunas voces –cierta prensa y algunos políticos de países como Alemania o Finlandia, particularmente estrictos en este tema- defienden tal medida (desde la teoría de que “hay que amputar el miembro enfermo para salvar la vida del paciente”) las instituciones europeas no están por la labor. Así, la salida de Grecia del euro -mecanismo por otra parte no previsto en los Tratados-  y la consiguiente vuelta al dracma, supondría para Grecia tener una divisa mucho más débil con la que afrontar un enorme grueso de deuda pública del 177 % del PIB (en euros claro). Además,  la UE quedaría en entredicho como proyecto político, al tiempo que países como Rusia no tardarían en acercar a una Grecia aún más empobrecida (y quizás fuera del espacio europeo) a sus órbitas de influencia.



El gobierno actual, liderado por Alexis Tsipras, tiene en sus manos una gran responsabilidad. Parece comprensible querer reestructurar la deuda -negociando los plazos en los que ésta debe pagarse, por ejemplo- como ha sucedido en el pasado, en situaciones diferentes, con otros países europeos y latinoamericanos. Pero la intransigencia y el populismo no ayudan y menos en una situación como la actual que parece más tensa que nunca: los límites impuestos a los bancos para racionar el dinero en efectivo (de 60 € por persona y día) las inflexibles posiciones de algunos estados miembros y el resultado del referéndum del domingo juegan en contra de Grecia. Siempre queda pensar que Euclid Tsakalotos, el nuevo Ministro de Finanzas, sea más flexible que su antecesor, que la UE aplique sensatez a sus decisiones –al tiempo que firmeza, si quiere ser tomada en serio-  para lograr sacar a Grecia del atolladero. Soluciones como amenazar con el ‘grexit’ o la salida del euro / vuelta al dracma deberían ser retiradas de la mesa de negociaciones, por cualquiera de las partes.



Los datos de este artículo han sido obtenidos de:

http://www.datosmacro.com/pib/grecia

https://es.santandertrade.com/analizar-mercados/grecia/politica-y-economia