Todo apunta a que aún seguiremos
viendo halcones dirigiendo la política israelí. Y es que, a
pesar de lo que auguraban las encuestas, que daban vencedor
–muy ajustadamente, eso sí- al candidato de la Unión Sionista Isaac Herzog, el
conservador Benjamin ‘Bibi’ Netanyahu ha resultado ganador de las
elecciones de ayer, lo que le coronaría, de obtener el gobierno,
como el jefe del ejecutivo que más tiempo haya permanecido en el
poder en la historia del país.
Abanderado de una línea
‘dura’ en cuestiones de seguridad y política exterior y
contrario a la solución de ‘dos Estados’ como paso para
pacificar el eterno conflicto palestino–israelí, (como sí llegó a defender en el pasado) Netanyahu, en el poder desde 2009, ha
dado un giro conservador en los últimos meses, lo que quizás haya
contribuido a que ganase estos comicios. La
‘jugada’, sin embargo, parece haberle salido bien: ha utilizado
la carta de que él -algo importante en una campaña marcada
por el personalismo de los candidatos- y el Likud, su partido, son los "auténticos
garantes de la seguridad" de Israel. Una cuestión que, desde luego,
está en las principales preocupaciones del votante medio, y sus motivos de alerta tendrán especialmente tras el auge del llamado 'Estado Islámico'. Este concepto
de seguridad es no obstante algo “expansivo” y ha llevado a justificar,
por parte del Gobierno, algunos actos de legítima defensa –algo permitido por el derecho internacional pero sujeto a ciertos
límites, entre ellos, la adopción de una resolución vinculante
sobre la cuestión por parte de la ONU- "dudosamente legales".
Entre ellos, los bombardeos a la franja de Gaza del pasado verano, un
tema en el que ha sido especialmente crítica en este sentido la
secretaria general adjunta de Naciones Unidas para Asuntos
Humanitarios, Valerie Amos.
Por su parte, el candidato
laborista, al que muchos acusaban de poco carismático, se definía
como defensor de la solución de “dos Estados” mientras abogaba
por dar pasos graduales aceptados por ambas partes del conflicto, desde un talante aparentemente más negociador.
Además, ofrecía una imagen de renovación en un panorama en el que
el gobierno Netanyahu parecía acosado por todos los frentes (medios
de comunicación nacionales e internacionales como 'The Economist',
el propio Defensor del Pueblo israelí, una cada vez más nutrida
oposición, etc.) y que muchos consideraban -hoy vemos,
erróneamente- debilitado.
Sea como fuere, el panorama
político tras estas elecciones, al margen de la victoria de ‘Bibi’
se espera complejo, con una Knesset (Parlamento) muy fragmentada, en
la que el laborismo ha recuperado fuerza, mientras los
partidos pro- árabes suponen la tercera fuerza política, lo que
demuestra la división social y el peso del factor religioso en una
sociedad donde la minoría árabe supone el 20 % de la población.
Hay que tener en cuenta aquí el peculiar sistema
electoral israelí, de circunscripción única y en el que el umbral
de representación, del 3,25 % de los sufragios, puede condicionar
las futuras coaliciones así como amenazar a los partidos más
pequeños.
Este panorama acompañará a un Netanyahu que, después de sus fricciones con el
gobierno de Obama, parece haber radicalizado un discurso que
difícilmente aceptarían muchos de sus antecesores -con acciones polémicas como defender el carácter "judío" en las Leyes
fundamentales del país sobre el "democrático" y
consecuentemente, plural-. Mientras, las voces en favor de la fórmula de "dos Estados" defendida por EEUU, España, Suecia o Reino Unido parecen ganar terreno como posible avance en un conflicto en el que,
si bien parece improbable una solución a corto plazo, sí sería
deseable que tanto la autoridad Palestina como el gobierno de Israel
acercasen posiciones y aparcasen –ambos- su retórica más
nacionalista en pro de soluciones pragmáticas. Pero como vemos, ese
discurso es garantía de apoyos electorales…
La Knesset hoy. Fuente: The Wall Street Journal, 18 de marzo de 2015. http://www.wsj.com/articles/israels-netanyahu-secures-decisive-election-victory-1426663606
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