Las terroríficas
imágenes de la decapitación del periodista estadounidense James
Foley han dado la vuelta al mundo horrorizando a la opinión pública
internacional y demostrando, una vez más, hasta dónde puede llegar
el sadismo de un grupo terrorista. Ello se suma a las recientes
informaciones sobre la acción del Estado Islámico (IS,
anteriormente Estado Islámico de Irak y Levante) -el movimiento
radical suní que aspira a la creación de un califato panislámico-
que incluyen todo tipo de atrocidades contra la población civil y
quienes consideran opositores. Dicho territorio estaría gobernado, a
juzgar por las 'medidas' del IS, por la versión más sectaria del
Islam y seguidora de las interpretaciones más integristas de su
doctrina. Parece evidente que está más que justificado que la
comunidad internacional tome medidas, tanto diplomáticas como
militares, pero humanitarias también respecto a los refugiados y
civiles, para atajar la expansión del terror. El debate, que deberán
resolver los expertos y no este blog, es el habitual: ¿qué medidas?
Lo primero, no hay
que pasar por alto que esta moderna horda de Gengis Khan en versión
islamista -muy organizada, con amplios medios e implacable en sus
campañas de comunicación mediante el uso del terror- no surge de la
nada. A mediados del pasado junio el semanario británico 'The
Economist' apuntaba en un editorial a que el IS tiene, en efecto,
'muchos padres'. Así, señalaba a los gobiernos turco e incluso al
Sirio, el primero por la 'ligereza' con la que permitió el paso de
rebeldes por sus fronteras con Siria, y al segundo, por los efectos
indirectos de las excarcelaciones 'selectivas' de líderes
yihadistas. Tampoco pasa por alto dos actores muy importantes en todo
este panorama:
Por una parte, el
gobierno iraquí de Al -Maliki, quien abusando de su poder y
beneficiando a 'su' etnia chií en detrimento al resto (en un país
caracterizado no sólo su difícil gobernabilidad, sino por su
complejo mosaico étnico y religioso como Irak), ha dado
indirectamente motivos a los suníes para recelar de su gestión
gubernamental. Un recelo que ha pasado de la protesta y el
enfrentamiento político al levantamiento armado más brutal.
No se libra de
críticas el gobierno de Barack Obama, esta vez por 'comisión por
omisión' tras su inacción ante las llamadas de auxilio por parte de
Irak contra los yihadistas, y por la atropellada retirada de sus
tropas de suelo irakí, necesaria pero quizás demasiado condicionada
por el 'quedar bien' ante la opinión pública. También debería
haberse controlado más a los Gobiernos de un país directamente
invadido, en el que se pretendía instaurar una democracia 'a la
occidental' que finalmente se ha traducido en inseguridad,
enfrentamientos étnicos y un gobierno calificado por algunos como
'protodictador' y desde luego nada respetuoso con las minorías que
conviven en su seno como buenamente pueden.
A esto yo añadiría
la arriesgada política de armar a los que consideraba 'rebeldes
moderados' sirios -senadores republicanos como John McCain son
tradicionales defensores de esta postura ya desde la guerra de Kosovo
en 1999-. Aunque de primeras se venda como un apoyo indirecto a la
causa que mejor pueda vender a la opinión pública (o la 'menos
mala', según se mire), en la práctica es un arma de doble filo y
nunca mejor dicho: no se sabe en manos de quién pueden acabar
finalmente dichas armas, qué criterios califica a un bando de
'moderado' o, lo que es más grave, se puede entender como el
otorgamiento de una 'carta blanca' a dicho bando y a las
impredecibles acciones que éste pueda cometer. ¿Acaso se imaginaban
quieres decidieron enviar armas a los rebeldes de la guerra en Libia
-con el recelo de la OTAN- la ejecución a sangre fría del dictador
Gadafi? ¿Países que reprueban la pena de muerte aceptarían
-tácitamente claro- dicha acción al haberse 'lavado las manos'
previamente'?
De nuevo, vuelve a
plantearse este debate en relación a los kurdos que combaten al IS.
En este supuesto, los riesgos de armar a los 'interlocutores' -de una
región rica y en cuyo territorio existen yacimientos de petróleo
-no son quizás tan claros, y países como Francia o Italia ya se han
mostrado partidarios de tal medida. España, hasta hace poco de
vacaciones respecto a todo este asunto -ante un grupo terrorista
entre cuyas reivindicaciones está 'Al-Andalus'- ha dicho que
'evaluaría' si se suma a esta posición. En medio, Iraq ha criticado
la injerencia de EEUU en su territorio mediante bombardeos y recela
de la entrega de armas a los kurdos sin su permiso. Y la política
exterior de la UE, si es que eso existe como tal al margen de haber
dado carta blanca para que cada Estado haga lo que quiera al
respecto, contempla como sus Estados miembros se lanzan
apresuradamente a entregar armas viejas de la guerra en Bosnia a los
peshmerga -soldados- kurdos.
El tiempo desvelará
sus aciertos (esperemos) o errores en todo esto. Aunque la disparidad
de intereses de los Estados de la UE hacen de un plan conjunto poco
menos que una quimera, la brutal urgencia de la realidad y el peligro
que entraña este 'monstruo de Frankenstein' armado hasta los dientes
y ansioso por expandir su 'espacio vital' e imponer la sharía obliga
a ponerse las pilas. A actuar antes de que el caballo de Atila impida
que la hierba vuelva a crecer de nuevo por donde pasa. El cómo, se
lo dejo a los expertos.
JFR
La foto es de 'The Economist' (número de la semana 14 a 20 de junio)
