miércoles, 31 de agosto de 2016

Más allá del 'burkini'

Quizás una polémica veraniega y atractiva para los tertulianos, quizás leña al fuego de la discusión política, el ‘burkini’ ha cubierto páginas de periódicos –desde extranjeros hasta locales- y ha reabierto debates varios sobre el islam en Europa, los símbolos religiosos en Francia, la inmigración… En Francia, un país que lleva el laicismo por bandera –esto es, la completa separación entre el Estado y la Iglesia y la ausencia de símbolos religiosos en público-  el debate ha tenido una especial trascendencia. Ello se explica porque tiene que ver con la propia identidad de la República y, por extensión, con el modelo que tiene el Estado de relacionarse con la Iglesia y el hecho religioso en general.

En otros Estados, una religión tiene carácter oficial, jugando un papel importante en la vida pública. En algunos hay un reconocimiento o mención constitucional a la Iglesia (como era el caso de Noruega hasta 2012, o de Grecia). En esta categoría, y dentro del ámbito europeo, podríamos incluir países como Malta, Dinamarca o Grecia. También podemos encontrarnos con Estados con “tratamiento preferencial” hacia algunas religiones, aunque nominalmente aconfesionales. Aquí los ejemplos son muy variados: Alemania, Italia, España…  

Pero también existe un modelo de Estado laico, cuyo caso más típico en el ámbito europeo es Francia. El país propugna un paso más allá que el modelo aconfesional con la total separación entre la Iglesia y el Estado, ya desde la aprobación de una ley al respecto en 1905. Así, el hecho religioso queda estrictamente en el ámbito privado, mientras se han empleado las bases de dicha ley para prohibir el velo y otros símbolos como la kipá judía o los crucifijos muy visibles en los colegios públicos, y el uso del burka en todos espacios públicos, en 2010. La ley de 11 de octubre de 2010 prohíbe que, en el espacio público, “se pueda llevar una vestimenta destinada a disimular el rostro” así como se multa el obligar a alguien a llevarla. El burka –que cubre completamente el cuerpo y no deja ver el rostro- entra de lleno dentro de esta prohibición.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos argumentó en 2014, respecto a la prohibición francesa del burka que puede estar justificada porque “puede ser una amenaza para la convivencia”. Se han empleado, por parte de los defensores de su prohibición, razones de seguridad –al resultar difícil identificar a alguien que vaya totalmente cubierto, debiendo exigir las autoridades que se descubra-, culturales (“es contrario a nuestro modo de vida” o "al principio de laicidad francés", por ejemplo) o de género (“discrimina a la mujer”)
No es el único Estado europeo que ha prohibido esta prenda: en Bélgica y Países Bajos, y también en países de la CEDEAO (Comisión Económica del África Occidental) como Chad o Níger se ha acordado vetarlo por razones de seguridad, en estos últimos especialmente tras la expansión del grupo terrorista Boko Haram.

Es por esto que el debate sobre el ‘burkini’, aunque sea una prenda diferente al burka ‘tradicional’, pues no cubre el rostro, haya tenido tanta repercusión en la vecina república. Se trata de un tema muy complejo para abordarlo aquí, pero de gran relevancia sobre todo de cara a establecer medidas de integración y en la política de inmigración. Y es que, en última instancia, el balance entre el respecto a las creencias personales y la necesidad de integración –exigiendo el respeto a las leyes y costumbres del país de acogida- no siempre es fácil de equilibrar.

Esta polémica ha acelerado la creación de una "Fundación del Islam de Francia", que tendrá por objeto "apoyar proyectos educativos, culturales y de compromiso con los jóvenes" así como "se responsabilizará de la formación de los imanes y del desarrollo de la investigación de la islamología", según ha manifestado recientemente el Ministro de Interior galo, Bernard Cazeneuve. 
  
Todo ello se enmarca dentro de la idea de crear un “Islam republicano”, compatible con los valores de la república entre los cuales se encuentra el laicismo. Una iniciativa comprensible en el marco francés y en un modelo de integración que exige la aceptación de los valores del republicanismo -como si de una "religión laica" se tratara- pero difícil de materializar (¿cómo se controla esa "adecuación"? ¿puede entenderse como un intento de desvirtuar el Islam?) Mientras, el discurso público pide cada vez más firmeza en la aplicación del principio de laicidad, que sostienen prácticamente por todas las fuerzas políticas. Yendo algo más allá, el partido ‘Les Républicains’, encabezado por el expresidente Nicolas Sarkozy, se ha movido hacia posturas más duras  que las que mantenía años atrás, otra señal de la capacidad del Frente Nacional de moldear el discurso y meter temas y posiciones en el debate público, generalmente desde proclamas populistas. 

Se trata de un tema con múltiples aristas, y todas espinosas (identidades nacionales, pluralidad de creencias religiosas ¿o culturales?, integración, uso del espacio público -o restricciones, si se apoya la prohibición de exhibir algunos símbolos-), que además se desarrolla en un marco en el que las actuales sociedades, en el caso europeo, atraviesan por un proceso de secularización ya iniciado hace décadas. Sin ir más lejos en España, según el CIS el 70,5% de la población se considera católica, aunque el 58,3% admite no asistir nunca a oficios religiosos y apenas el 16% va a misa cada domingo. 

Y en mitad de ello, los símbolos religiosos vuelven a reaparecer en un debate público complicado que, como vemos, va mucho más allá de prohibir una prenda en una playa de la Costa Azul... 

jueves, 4 de agosto de 2016

Reflexiones balcánicas

 (NOTA: este es un artículo personal, lejos de la línea seguida en el blog hasta ahora)

Hace unos días tuve la oportunidad de participar en un curso organizado por una asociación de estudiantes paneuropea en Sarajevo, Bosnia. El tema, “Libertad religiosa en Europa”, parecía muy indicado para una ciudad que siempre ha hecho gala de tolerancia y ejemplo de convivencia entre las distintas religiones, desde hace ya cientos de años.

Conocida como la “Jerusalén de Europa”, hay una clara diferencia respecto a la Jerusalén israelí: en Sarajevo tanto musulmanes (mayoría, un 41%) como ortodoxos, católicos y judíos (muchos de ellos descendientes de los expulsados de España por los Reyes Católicos) conviven sin los problemas que padece la ciudad de la Cúpula de la Roca. Sorprende el contraste no sólo cultural y religioso, sino también arquitectónico entre la Baščaršija, el casco antiguo donde el olor del café y las shishas se entremezcla con el bullicio de propios y extraños que recorren sus estrechas calles, la Titova, flanqueada por edificios de estilo austrohúngaro, y la zona más moderna poblada tanto por edificios de estilo soviético y modernos rascacielos.

Desgraciadamente, la población y muchos de esos edificios aún padecen las secuelas del mayor asedio de la Historia moderna: Sarajevo fue sitiada por el ejército de la República Sprska –serbobosnio- durante 3 años, sometida tanto a los bombardeos y al hambre como a la indiferencia de una comunidad internacional que reaccionó tarde, a pesar de los horrores que narraban los periodistas internacionales afincados en el hotel Holiday Inn. Además de los más de 11.000 civiles fallecidos, una de las mayores heridas de la ciudad fue el bombardeo de la biblioteca nacional de Bosnia-Herzegovina, la Vijećnica, que se consume junto a más de un millón de ejemplares ante la impotente mirada de los sarajevitas. Afortunadamente, y con la ayuda de algunos países –entre ellos España-, la biblioteca vuelve a abrir sus puertas en 2014. Es todo un símbolo de la resiliencia y valor de los habitantes de la ciudad. Una resistencia que ya quedó patente durante el sitio de la ciudad: a pesar de las penalidades, son muchos los colegios que seguían abiertos, el periódico Oslobodenje (“Libertad”) seguía llegando cada día a los kioskos;  se organizó una compañía de “teatro de guerra” que representaba piezas en búnkeres,  un concierto protagonizado por la orquesta nacional; e incluso un “concurso de Misses” en un sótano, cuyas imágenes darían la vuelta al mundo y unirían a U2 y Pavarotti en la excepcional canción ‘Miss Sarajevo’.






Volviendo a la biblioteca –hoy, el Ayuntamiento de la ciudad-, en su entrada figura una placa conmemorativa que me llamó especialmente la atención:




Hay mucho recogido en ese “warn”. Lo que sucedió en Sarajevo –y los Balcanes, por extensión- durante los 90’s parecía ya enterrado en el pasado para siempre. Quienes incendiaron deliberadamente la Vijecnica no están muy lejos –salvando algunas distancias- de quienes quemaban libros en los años 30’s, luciendo esvásticas y marchando al paso de la oca. Ese ‘warn’ quizás nos quiere trasmitir que algunos fantasmas de antaño no parecen haber desaparecido del todo, y que las democracias que hoy conocemos no están totalmente exentas de peligro, o al menos, como las conocemos. Así, cuestiones como las acciones autoritarias de algunos gobiernos –de países que se dicen democráticos como Turquía o Rusia-;  el auge de movimientos extremistas a lo largo del continente europeo, o al otro lado del océano los discursos de personajes como Donald Trump; o la amenaza del DAESH y sus seguidores, suponen un reto para las democracias de hoy.

El mundo no se esperaba que esos fantasmas volvieran a reencontrarse en una biblioteca en Sarajevo, en 1992. Hoy no podemos ningunear estas amenazas, siendo más que nunca necesario renovar la retórica, bajando a la arena de las ideologías sin miedo, y transmitiendo un mensaje positivo y que ilusione a la ciudadanía, sobre todo a los jóvenes. Como ciudadanos no podemos permanecer moralmente impasibles ante los fenómenos que mencionaba porque nos jugamos mucho. Que no veamos de nuevo Vijecnicas arder, porque lo que sucederá al mismo tiempo será mucho más grave. Son muchas lecciones las que aprender de esta ciudad única...



-La foto del álbum 'Miss Sarajevo' es de aquí