viernes, 22 de abril de 2016

Ante el 26-J: una predicción atrevida

Ante las imposibilidades de formar Gobierno, nos encontramos en una situación inédita hasta ahora en democracia: la repetición de nuevas elecciones tras dos meses sin lograr la formación de gobierno desde la primera sesión de investidura, que deberán celebrarse -como dice la Ley Orgánica del Régimen Electoral General- 54 días después del pasado 2 de mayo, es decir, el 26 de junio.

Ante ente escenario incierto, por la mente de muchos pasan varias incógnitas: ¿qué podrá pasar? ¿tienen incentivos los partidos para dejar correr el tiempo y forzar la nueva convocatoria? Contestar a esto con un mínimo de rigor es difícil, pero sí se podrían analizar las posiciones de cada partido y hacer una predicción de un posible escenario futuro. Al final, lo que suceda en unas elecciones depende del comportamiento de los votantes y sus preferencias, pero también de multitud de factores externos, como el tono de la campaña, la capacidad de movilización de los partidos, el papel de los medios...

Un elemento a tener en cuenta es cómo podría afectar a la estrategia1 de cada partido (centrándonos en PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos e IU) este nuevo escenario. Como no sabemos qué pasará durante los meses de mayo y junio (a nivel político, económico, que se cuelen nuevos debates en la agenda o porque suceda algún acontecimiento imprevisto...) vamos a considerar los elementos existentes a día 2 de mayo.
Un factor clave para estudiar es cómo se desarrolla la campaña electoral y si se polariza mucho o no. En las anteriores elecciones del 20-D la campaña fue decisiva, de primeras puesto que el número de indecisos era muy alto (más del 20% del electorado) y todos los partidos buscaban dirigirse, con argumentos distintos, a ese nicho de votantes incierto. Así, consideremos que la campaña tendrá una relevancia similar a la del pasado 20-D. Por otro lado, si tiene lugar una campaña polarizada, en la que predominen discursos agresivos y temas muy divisivos o ideológicos (p.ej las relaciones con la Iglesia, el debate sobre la Jefatura del Estado, etc.) podría pasar que 1) se venda como inútil el pacto de investidura PSOE-C's y 2) favorezca a los partidos en los “extremos” del tablero2, que aquí serían PP y Podemos.

También hay otro elemento al que previsiblemente recurrirán todos -e impredecible pues depende del éxito de comunicación de cada partido- y es intentar echar la culpa a otro(s) partido(s) del fracaso de formar gobierno y de la consiguiente repetición de elecciones. Quien se alce como narrador eficaz de este relato -es decir, quien convenza mejor a los votantes de quién es el/los “culpables” tendrá un terreno ganado a su favor. Pero este elemento jugará durante la campaña y aún es pronto para hacer conjeturas.

Otro factor a considerar es el % del censo que va a votar. De entrada podría pensarse que crecería la abstención, ya que muchos votantes pueden sentir apatía y no acudir a las urnas. Normalmente, es lo que suele suceder en estas circunstancias. Sin embargo, y para no complicar más las cosas, aquí consideraremos una participación parecida a la del 20-D, que fue del 73,20% del censo.

Teniendo en cuenta lo comentado, que el censo sea similar, que no cambien los cabezas de lista y el factor “campaña”, los escenarios podrían ser los siguientes:

Para el PP:

Si la campaña se polariza, el PP se verá sin duda beneficiado. Es un partido con un votante muy fidelizado y ya “movilizado”, partidario del “voto útil a la derecha”, así como numerosa población de más de 65 años, que tiene a la formación 'popular' como la favorita.
El PP jugará, previsiblemente, conservador en todos los sentidos: no cambiará candidato a la presidencia, manteniendo un discurso similar al del 20-D al que añadirá la crítica al acuerdo PSOE-C's como “inservible” o “fracasado”. Además, venderá elementos ya habituales como la “buena gestión económica”, la “estabilidad”, la “gobernabilidad” o la aversión a los “experimentos”.
De no polarizarse la campaña, y si PSOE o Cs venden bien su acuerdo de investidura, el PP aún mantendría su nicho tradicional de votantes, con lo que, en líneas generales, no saldría demasiado perjudicado. (Teniendo en cuenta que el votante pasa por alto escándalos de corrupción como el del PP de Valencia o la aparición del ex Ministro José Manuel Soria en los 'Panama papers' y no “castiga” al PP)

Para el PSOE:

Se encuentra en una posición difícil. A pesar de haber obtenido un resultado objetivamente malo el 20-D (no superando siquiera 100 escaños) ha jugado sus cartas intentando formar un gobierno con el apoyo de C's. Entonces, una buena baza será que logren vender su acuerdo de investidura, y presentarse como partido que aceptó someterse a ésta a pesar de las dificultades. Si la campaña no se polariza, el PSOE puede sacar rédito de su postura más proclive al diálogo, además de situarse, junto con C's, más próximos al “centro” del tablero ideológico. Podría, por ejemplo, culpar al PP y a Podemos de obstruir la formación de gobierno y echarles la culpa de la repetición de elecciones.
Por el contrario, una campaña polarizada puede perjudicar mucho a los socialistas: tiene dos competidores por la izquierda (Podemos e IU), así como la oposición del PP que intentará vender su acuerdo de investidura como inútil. A pesar de seguir contando con votantes “fieles”, su nicho a día de hoy no es tan nutrido como el del PP, aunque -quién sabe- esto siempre puede cambiar si el votante de izquierdas recurre al “voto útil”.
En general, la situación del PSOE es muy incierta de repetirse nuevos comicios, aunque puede verse beneficiado de vender su intento de formar gobierno y de que votantes que hayan optado por Podemos hayan quedado desencantados con la formación morada y decidan “volver” a su partido de siempre.

Para IU-UP

Tanto si la campaña se polariza como si no, IU siempre puede jugar la baza de la “pureza ideológica” frente a un Podemos que vendería como “camaleónico” o “atrapatodo”. Aunque su competidor morado haya obtenido un buen resultado el pasado 20-D, casi un millón de votantes -muy perjudicados eso sí por el sistema electoral- siguió confiando en Izquierda Unida como “la izquierda de toda la vida”, más ideológica y “tradicional” que la oferta que plantea Podemos. Además, hay que tener en cuenta otro factor, que es el supuesto hipotético de que IU se aliara con Podemos para concurrir juntos a las elecciones (ello a pesar de la reticencia de parte de sus militantes y de algunas figuras importantes en la formación, como Gaspar Llamazares). De ser así, y según señala Metroscopia3, esta “coalición de coaliciones” podría superar incluso al PSOE en unos futuros comicios. 

Respecto a los “nuevos partidos”, Podemos y C's, hay un factor que afecta a ambos -quizás no con la misma intensidad- y es la volatilidad de su electorado. Ha transcurrido poco tiempo desde los comicios navideños y probablemente no les haya dado tiempo material a crear una “marca partido”, esto es, unas siglas a las que el votante apoye al margen de los cabezas de cartel, y que es un elemento definitorio de los partidos “clásicos” como PP, PSOE o IU. Por ello, podría suceder que parte del electorado, cuyo peso desconocemos y que votó por estas formaciones decida en junio volver a apoyar a alguno de los partidos “clásicos”, bien por apatía, por castigo, o porque se ha desencantado de los “nuevos”...
Aunque a día de hoy no sabemos cómo jugará, este factor “volatilidad” conviene tenerse en cuenta.

Para Podemos:

Si la campaña se polariza, Podemos puede verse como el gran beneficiado junto con el PP. Como demostró en la campaña para el 20-D, ha sido muy hábil en movilizar a los votantes, manejando muy bien la comunicación y realizando una campaña coral, con varios protagonistas abriendo los mítines y apostando por un discurso que tanto pretendía ser transversal como ideológico, aún a veces anteponiéndolo a la concreción de las medidas sobre los diversos temas.
Durante estas semanas, su estrategia ha sido agresiva, se han mantenido firmes en sus líneas rojas (p.ej, el debate del referéndum sobre la independencia de Cataluña) y han intentado captar la atención de los medios, logrando que, para bien o para mal, se hablara de la formación morada casi constantemente.
Sin embargo, las cosas podría cambiar si el tono de la campaña es otro: muchos votantes pueden ver a Podemos como un partido “poco dialogante” y que no ha permitido formar gobierno, demasiado expuesto a las apariciones en los medios y heterogéneo en cuanto a su composición, dando sensación de inestabilidad interna. Para el politólogo Luis Arroyo, Podemos (de quienes llegó a señalar un estilo “provocador”4) será sin duda castigado en unas nuevas elecciones. Por su parte para Pablo Simón, del colectivo Politikon, la situación plantea varias incógnitas, apuntando que si bien “la dureza de su discurso funciona para conservar a los suyos” lo tendría difícil “para ensanchar el electorado”, con lo que perdería transversalidad.
De todas formas, su capacidad de movilización y su dominio de la comunicación son bazas importantes, si bien su situación de cara a futuras elecciones es incierta dadas las características del partido (¿se presenta sólo o con “confluencias” en algunas CCAA?) y al “factor volatilidad” de los “nuevos” partidos. Con la reciente unión con IU para concurrir a la cita del 26-J, podría superar al PSOE tal y como predijo la encuesta de Metroscopia antes mencionada.

Para Ciudadanos:

El partido naranja combina elementos de la situación del PSOE (socio en el pacto para intentar investidura) y de Podemos (también es nueva fuerza política en el Congreso). Para Arroyo, aparecen “como el partido bienintencionado, con ganas de ceder terreno”, de ahí que les beneficie una campaña más sosegada y poco polarizada, en la que vendan el acuerdo de investidura con el PSOE y su predisposición a negociar entre sus cartas principales.
La formación socioliberal lo tendría más peliagudo de ser otro el tono de la futura campaña. Así, unos debates muy polarizados o ideologizados le podrían pasar factura, entre otras cosas, porque es un partido que valora más la concreción de las medidas que la complejidad del discurso (en comparación con Podemos, que adorna más su discurso y lo dota de más carga ideológica -esto no es ni mejor ni peor, son estrategias-) además de que se vería obligado a posicionarse en algunos temas en los que la ambigüedad le beneficiaría de cara a conseguir votantes dentro de un marco político moderado.
No obstante, su posición cercana al “centro” del espectro puede ser un activo importante de cara a atraer al electorado, así como sus posiciones pueden atraer a votantes tanto desencantados con el PP o el PSOE.


En definitiva, la situación es incierta para todos los partidos, aun sin contar con otros elementos que puedan influir en las futuras elecciones, (estallido de escándalos de corrupción, gestión o reacción ante eventos que sucedan a nivel nacional, escenario europeo o internacional -este último suele tener poco peso, de la UE suele hablarse sólo para criticarla...-).
En líneas generales, a modo de resumen y teniendo en cuenta lo comentado unas nuevas elecciones beneficiarían a PP (que ganaría si la campaña se polariza, y no perdería demasiado en caso contrario, al contar con un gran nicho de votantes fijos) y a Podemos (sobre todo si se alía con IU y la campaña es polarizada). O en otro escenario, a PSOE (que también tiene "cantera" fija de votantes) y Ciudadanos, si logran vender su intento de acuerdo y la campaña es más sosegada, logrando "culpar" a PP y Podemos del bloque institucional. O incluso, en una situación algo más rara a juzgar por las encuestas, que los votantes de Podemos y C's reculen y vuelvan a los partidos "tradicionales", porque los asocian con estabilidad o se encuentran desencantados con los "nuevos" (entrando aquí el factor que expusimos de "volatilidad del electorado")

Uno de los elementos principales de medición, las encuestas, es limitado, ya que hasta hoy no son muy recientes5, arrojan resultados dispares (algunas como las de Metroscopia de mediados de marzo -o la publicada el 6 de mayo- retratan a una mayoría de votantes que valoran el pacto PSOE-Cs6 y el afán de diálogo, otras como la publicada recientemente reflejan a un votante urbano que premiaría a C's e IU en detrimento de PP) y no predicen el futuro al 100%: se realizan en base a una muestra y no pueden acertar a la perfección el comportamiento del votante el 26-J que es, de entrada, impredecible.




1Los comentarios sobre la estrategia de cada partido con muy aproximados, y no valoraré si son más acertados o no. Ahí decide el votante. Los comentarios entrecomillados provienen de artículos de prensa y opiniones de políticos, no son míos en ningún caso.

2No quiero decir que PP y Podemos sean extremistas, pero los electores los sitúan ideológicamente como “más a la derecha” o “más a la izquierda”, respectivamente, que PSOE y C's, que ocuparían una posición más cercana al “centro”. Así lo reflejan las encuestas del CIS http://www.cis.es/cis/export/sites/default/-

3Metroscopia a 21-04-16 http://politica.elpais.com/politica/2016/04/21/actualidad/1461258375_988530.html

4Los comentarios de los politólogos Luis Arroyo y Pablo Simón son de este artículo del mes de marzo http://www.elmundo.es/espana/2016/03/08/56ddc130ca474103398b45fb.html

5Una de las más recientes es la de Llorente &Cuenca del pasado 4 de abril http://elelectoral.com/2016/04/podemos-caeria-5-puntos-unas-nuevas-elecciones-cs-seria-tercera-fuerza/


6Metroscopia, a 12-03-16: http://politica.elpais.com/politica/2016/03/12/actualidad/1457802456_250708.html