Ante las imposibilidades de formar Gobierno, nos encontramos en una situación
inédita hasta ahora en democracia: la repetición de nuevas elecciones
tras dos meses sin lograr la formación de gobierno desde la primera sesión de
investidura, que deberán celebrarse -como dice la Ley Orgánica del
Régimen Electoral General- 54 días después del pasado 2 de mayo, es
decir, el 26 de junio.
Ante
ente escenario incierto, por la mente de muchos pasan varias
incógnitas: ¿qué podrá pasar? ¿tienen incentivos los partidos
para dejar correr el tiempo y forzar la nueva convocatoria? Contestar a esto con un mínimo de rigor es difícil, pero sí se
podrían analizar las posiciones de cada partido y hacer una
predicción de un posible escenario futuro. Al final, lo que suceda
en unas elecciones depende del comportamiento de los votantes y sus
preferencias, pero también de multitud de factores externos, como el
tono de la campaña, la capacidad de movilización de los partidos,
el papel de los medios...
Un
elemento a tener en cuenta es cómo podría afectar a la estrategia1
de cada partido (centrándonos en PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos e
IU) este nuevo escenario. Como no sabemos qué pasará durante los
meses de mayo y junio (a nivel político, económico, que se cuelen
nuevos debates en la agenda o porque suceda algún acontecimiento
imprevisto...) vamos a considerar los elementos existentes a día 2
de mayo.
Un
factor clave para estudiar es cómo se desarrolla la campaña
electoral y si se polariza mucho o no. En las anteriores elecciones
del 20-D la campaña fue decisiva, de primeras puesto que el número
de indecisos era muy alto (más del 20% del electorado) y todos los
partidos buscaban dirigirse, con argumentos distintos, a ese nicho de
votantes incierto. Así, consideremos que la campaña tendrá una
relevancia similar a la del pasado 20-D. Por otro lado, si tiene
lugar una campaña polarizada, en la que predominen discursos
agresivos y temas muy divisivos o ideológicos (p.ej las relaciones
con la Iglesia, el debate sobre la Jefatura del Estado, etc.) podría
pasar que 1) se venda como inútil el pacto de investidura PSOE-C's y
2) favorezca a los partidos en los “extremos” del tablero2,
que aquí serían PP y Podemos.
También
hay otro elemento al que previsiblemente recurrirán todos -e
impredecible pues depende del éxito de comunicación de cada
partido- y es intentar echar la culpa a otro(s) partido(s) del
fracaso de formar gobierno y de la consiguiente repetición de
elecciones. Quien se alce como narrador eficaz de este relato -es
decir, quien convenza mejor a los votantes de quién es el/los
“culpables” tendrá un terreno ganado a su favor. Pero este
elemento jugará durante la campaña y aún es pronto para hacer
conjeturas.
Otro
factor a considerar es el % del censo que va a votar. De entrada
podría pensarse que crecería la abstención, ya que muchos votantes
pueden sentir apatía y no acudir a las urnas. Normalmente, es lo que suele suceder en estas circunstancias. Sin embargo, y para no
complicar más las cosas, aquí consideraremos una participación parecida a la del 20-D, que fue del 73,20% del censo.
Teniendo
en cuenta lo comentado, que el censo sea similar, que no cambien los cabezas de lista y el factor “campaña”, los escenarios
podrían ser los siguientes:
Para
el PP:
Si la
campaña se polariza, el PP se verá sin duda beneficiado. Es un
partido con un votante muy fidelizado y ya “movilizado”,
partidario del “voto útil a la derecha”, así como numerosa
población de más de 65 años, que tiene a la formación 'popular'
como la favorita.
El PP
jugará, previsiblemente, conservador en todos los sentidos: no
cambiará candidato a la presidencia, manteniendo un discurso similar
al del 20-D al que añadirá la crítica al acuerdo PSOE-C's como
“inservible” o “fracasado”. Además, venderá elementos ya
habituales como la “buena gestión económica”, la “estabilidad”,
la “gobernabilidad” o la aversión a los “experimentos”.
De no
polarizarse la campaña, y si PSOE o Cs venden bien su acuerdo de
investidura, el PP aún mantendría su nicho tradicional de votantes,
con lo que, en líneas generales, no saldría demasiado perjudicado.
(Teniendo en cuenta que el votante pasa por alto escándalos de
corrupción como el del PP de Valencia o la aparición del ex
Ministro José Manuel Soria en los 'Panama papers' y no “castiga”
al PP)
Para
el PSOE:
Se
encuentra en una posición difícil. A pesar de haber obtenido un
resultado objetivamente malo el 20-D (no superando siquiera 100
escaños) ha jugado sus cartas intentando formar un gobierno con el
apoyo de C's. Entonces, una buena baza será que logren vender su
acuerdo de investidura, y presentarse como partido que aceptó
someterse a ésta a pesar de las dificultades. Si la campaña no se
polariza, el PSOE puede sacar rédito de su postura más proclive al
diálogo, además de situarse, junto con C's, más próximos al
“centro” del tablero ideológico. Podría, por ejemplo, culpar al
PP y a Podemos de obstruir la formación de gobierno y echarles la
culpa de la repetición de elecciones.
Por el
contrario, una campaña polarizada puede perjudicar mucho a los
socialistas: tiene dos competidores por la izquierda (Podemos e IU),
así como la oposición del PP que intentará vender su acuerdo de
investidura como inútil. A pesar de seguir contando con votantes
“fieles”, su nicho a día de hoy no es tan nutrido como el del
PP, aunque -quién sabe- esto siempre puede cambiar si el votante de
izquierdas recurre al “voto útil”.
En
general, la situación del PSOE es muy incierta de repetirse nuevos
comicios, aunque puede verse beneficiado de vender su intento de
formar gobierno y de que votantes que hayan optado por Podemos hayan
quedado desencantados con la formación morada y decidan “volver”
a su partido de siempre.
Para
IU-UP
Tanto
si la campaña se polariza como si no, IU siempre puede jugar la baza
de la “pureza ideológica” frente a un Podemos que vendería como
“camaleónico” o “atrapatodo”. Aunque su competidor morado
haya obtenido un buen resultado el pasado 20-D, casi un millón de
votantes -muy perjudicados eso sí por el sistema electoral- siguió
confiando en Izquierda Unida como “la izquierda de toda la vida”,
más ideológica y “tradicional” que la oferta que plantea
Podemos. Además, hay que tener en cuenta otro factor, que es el
supuesto hipotético de que IU se aliara con Podemos para concurrir juntos a las
elecciones (ello a pesar de la reticencia de parte de sus militantes
y de algunas figuras importantes en la formación, como Gaspar
Llamazares). De ser así, y según señala Metroscopia3,
esta “coalición de coaliciones” podría superar incluso al PSOE
en unos futuros comicios.
Respecto
a los “nuevos partidos”, Podemos y C's, hay un factor que
afecta a ambos -quizás no con la misma intensidad- y es la
volatilidad de su electorado. Ha transcurrido poco tiempo desde los
comicios navideños y probablemente no les haya dado tiempo material
a crear una “marca partido”, esto es, unas siglas a las que el
votante apoye al margen de los cabezas de cartel, y que es un
elemento definitorio de los partidos “clásicos” como PP, PSOE o
IU. Por ello, podría suceder que parte del electorado, cuyo peso
desconocemos y que votó por estas formaciones decida en junio volver
a apoyar a alguno de los partidos “clásicos”, bien por apatía,
por castigo, o porque se ha desencantado de los “nuevos”...
Aunque
a día de hoy no sabemos cómo jugará, este factor “volatilidad”
conviene tenerse en cuenta.
Para
Podemos:
Si la
campaña se polariza, Podemos puede verse como el gran beneficiado
junto con el PP. Como demostró en la campaña para el 20-D, ha sido
muy hábil en movilizar a los votantes, manejando muy bien la
comunicación y realizando una campaña coral, con varios
protagonistas abriendo los mítines y apostando por un discurso que
tanto pretendía ser transversal como ideológico, aún a veces
anteponiéndolo a la concreción de las medidas sobre los diversos
temas.
Durante
estas semanas, su estrategia ha sido agresiva, se han mantenido
firmes en sus líneas rojas (p.ej, el debate del referéndum sobre la
independencia de Cataluña) y han intentado captar la atención de
los medios, logrando que, para bien o para mal, se hablara de la
formación morada casi constantemente.
Sin
embargo, las cosas podría cambiar si el tono de la campaña es otro:
muchos votantes pueden ver a Podemos como un partido “poco
dialogante” y que no ha permitido formar gobierno, demasiado
expuesto a las apariciones en los medios y heterogéneo en cuanto a
su composición, dando sensación de inestabilidad interna. Para el
politólogo Luis Arroyo, Podemos (de quienes llegó a señalar un
estilo “provocador”4)
será sin duda castigado en unas nuevas elecciones. Por su parte para
Pablo Simón, del colectivo Politikon, la situación plantea varias
incógnitas, apuntando que si bien “la dureza de su discurso
funciona para conservar a los suyos” lo tendría difícil “para
ensanchar el electorado”, con lo que perdería transversalidad.
De
todas formas, su capacidad de movilización y su dominio de la
comunicación son bazas importantes, si bien su situación de cara a
futuras elecciones es incierta dadas las características del partido
(¿se presenta sólo o con “confluencias” en algunas CCAA?) y al
“factor volatilidad” de los “nuevos” partidos. Con la reciente unión con IU para concurrir a la cita del 26-J, podría superar al PSOE tal y como
predijo la encuesta de Metroscopia antes mencionada.
Para
Ciudadanos:
El
partido naranja combina elementos de la situación del PSOE (socio en
el pacto para intentar investidura) y de Podemos (también es nueva
fuerza política en el Congreso). Para Arroyo, aparecen “como el
partido bienintencionado, con ganas de ceder terreno”, de ahí que
les beneficie una campaña más sosegada y poco polarizada, en la que
vendan el acuerdo de investidura con el PSOE y su predisposición a
negociar entre sus cartas principales.
La
formación socioliberal lo tendría más peliagudo de ser otro el
tono de la futura campaña. Así, unos debates muy polarizados o
ideologizados le podrían pasar factura, entre otras cosas, porque es
un partido que valora más la concreción de las medidas que la
complejidad del discurso (en comparación con Podemos, que adorna más
su discurso y lo dota de más carga ideológica -esto no es ni mejor
ni peor, son estrategias-) además de que se vería obligado a
posicionarse en algunos temas en los que la ambigüedad le
beneficiaría de cara a conseguir votantes dentro de un marco
político moderado.
No
obstante, su posición cercana al “centro” del espectro puede ser
un activo importante de cara a atraer al electorado, así como sus
posiciones pueden atraer a votantes tanto desencantados con el PP o
el PSOE.
En
definitiva, la situación es incierta para todos los partidos, aun
sin contar con otros elementos que puedan influir en las futuras
elecciones, (estallido de escándalos de corrupción, gestión o
reacción ante eventos que sucedan a nivel nacional, escenario
europeo o internacional -este último suele tener poco peso, de la UE
suele hablarse sólo para criticarla...-).
En líneas generales, a modo de resumen y teniendo en cuenta lo comentado unas nuevas elecciones beneficiarían a PP (que ganaría si la campaña se polariza, y no perdería demasiado en caso contrario, al contar con un gran nicho de votantes fijos) y a Podemos (sobre todo si se alía con IU y la campaña es polarizada). O en otro escenario, a PSOE (que también tiene "cantera" fija de votantes) y Ciudadanos, si logran vender su intento de acuerdo y la campaña es más sosegada, logrando "culpar" a PP y Podemos del bloque institucional. O incluso, en una situación algo más rara a juzgar por las encuestas, que los votantes de Podemos y C's reculen y vuelvan a los partidos "tradicionales", porque los asocian con estabilidad o se encuentran desencantados con los "nuevos" (entrando aquí el factor que expusimos de "volatilidad del electorado")
Uno de
los elementos principales de medición, las encuestas, es limitado,
ya que hasta hoy no son muy recientes5,
arrojan resultados dispares (algunas como las de Metroscopia de
mediados de marzo -o la publicada el 6 de mayo- retratan a una mayoría de votantes que valoran el
pacto PSOE-Cs6
y el afán de diálogo, otras como la publicada recientemente reflejan a un votante urbano que premiaría a C's e IU en detrimento de PP) y no predicen el futuro al 100%: se realizan
en base a una muestra y no pueden acertar a la perfección el
comportamiento del votante el 26-J que es, de entrada, impredecible.
1Los
comentarios sobre la estrategia de cada partido con muy aproximados,
y no valoraré si son más acertados o no. Ahí decide el votante.
Los comentarios entrecomillados provienen de artículos de prensa y
opiniones de políticos, no son míos en ningún caso.
2No
quiero decir que PP y Podemos sean extremistas, pero los electores
los sitúan ideológicamente como “más a la derecha” o “más
a la izquierda”, respectivamente, que PSOE y C's, que ocuparían
una posición más cercana al “centro”. Así lo reflejan las
encuestas del CIS
http://www.cis.es/cis/export/sites/default/-
3Metroscopia
a 21-04-16
http://politica.elpais.com/politica/2016/04/21/actualidad/1461258375_988530.html
4Los
comentarios de los politólogos Luis Arroyo y Pablo Simón son de
este artículo del mes de marzo
http://www.elmundo.es/espana/2016/03/08/56ddc130ca474103398b45fb.html
5Una
de las más recientes es la de Llorente &Cuenca del pasado 4 de
abril
http://elelectoral.com/2016/04/podemos-caeria-5-puntos-unas-nuevas-elecciones-cs-seria-tercera-fuerza/
6Metroscopia,
a 12-03-16:
http://politica.elpais.com/politica/2016/03/12/actualidad/1457802456_250708.html