lunes, 16 de noviembre de 2015

'Casablanca' hoy


Numerosos gestos de solidaridad y apoyo se han repetido durante el pasado fin de semana a raíz de los atentados cometidos en París el pasado viernes. Desde las posibilidades o preferencias de cada uno, hubo quien asistió a manifestaciones, dejó flores o dedicatorias, se concentró frente a las embajadas o consulados de Francia, cantó 'La Marsellesa' o puso una bandera tricolor en su perfil en las redes sociales. Sin embargo, y sin querer caer en la frivolidad, el cine también puede usarse como un gesto con una alta carga simbólica. 

‘Casablanca’ es, sin duda, uno de los clásicos de la Historia del cine. Se ha comentado, debatido, emitido cientos de veces en televisión, repuesto en cines, celebrado sus aniversarios, parodiado numerosas ocasiones y hasta versionado en dibujos animados. Es una cinta que, en sus apenas 100 minutos de duración, logra condensar un “algo” que, probablemente, la conviertan en una de las mejores películas que se han realizado nunca. Desde mi punto de vista (y dejando de lado cuestiones puramente técnicas o artísticas) ‘Casablanca’ es la película que mejor representa lo que debería ser el cine. Pero, realmente, no es sólo una película. Es una obra de arte que trasciende lo cinematográfico para adentrarse en campos muy diversos. Quienes la hayan visto, descubrirán que ‘Casablanca’ es, al mismo tiempo, una historia de personas atrapadas en una ciudad, un drama romántico, un testimonio de la sinrazón nazi (y también, del colaboracionismo), un panfleto político directo pero valiente, una víctima de la censura, un ejemplo de ese cine negro tan de moda en los 40, y la excusa para un debate tan interesante como extenso.
Sin embargo, hay otras facetas de ‘Casablanca’, al margen de lo cinematográfico o técnico, que merece la pena destacar, y con más fuerza en el día de hoy. 

Lo primero, ‘Casablanca’ es un testimonio histórico y democrático.Para explicar esto, conviene tener presente el contexto de la película. Se estrenó en 1943, en plena guerra mundial. Y no sólo eso, sino que aborda una historia que podría ser real, en un contexto que el espectador se imaginaba o que, en todo caso, era necesario que conociera. La honestidad de las autoridades, los refugiados, el compromiso político, la ética personal… temas que se planteaban hace 70 años pero que hoy en día están más vigentes que nunca. La película es, sin duda, un homenaje a la libertad, al compromiso y a los valores democráticos, por ende, una crítica directa al despotismo y a la tiranía de cualquier clase. Es claramente propagandística, pero ello apenas “molesta” pues se entiende que el espectador comulga con lo que la película defiende. ‘Casablanca’ es, en definitiva, un símbolo de cómo el cine puede estar al servicio de una causa política o social, en este caso, la lucha contra el nazismo. La escena en la que el bar entero canta ‘La Marsellesa’, para acallar los himnos nazis (‘El guardián del Rin’) no sólo pone los pelos de punta hoy en día, sino que es un ejemplo de compromiso: quienes parecían ajenos a cuanto sucedía a su alrededor se levantan de sus asientos, dejan de beber o de jugar y entonan el famoso himno que representa, en definitiva, la resistencia a la tiranía y la defensa, incluso con las armas, de la libertad y la dignidad del hombre.

El pasado viernes, los enemigos de estos valores no marchaban al paso de la oca ni llevaban esvásticas, sino el fanatismo enarbolado en las banderas negras del DAESH.  El café de Rick y el París de la película ocupado por los nazis simbolizan el espacio en el que la gente se divierte, sufre, ríe, canta, en definitiva, vive. En el París del pasado viernes, los objetivos de los terroristas fueron dos símbolos del deporte y el ocio: un campo de fútbol y una sala de fiestas. Se puede trazar fácilmente un paralelismo. La conquista de París por Hitler no sólo era un objetivo militar, sino también una conquista de cuanto simbolizaba. El ataque a París no fue -solo- por cuestiones estratégicas: lo que la ciudad representa es evidente.

Por otro lado, ¿por qué no verla, y además, hoy? Ver cine en general es una gran forma de aprender, no sólo hechos o datos, sino también de formarse, de madurar y de abrir nuestras mentes a realidades que probablemente desconocemos. Es una película que debería exhibirse más a menudo en cines como forma de apreciar lo que es una obra de arte no sólo desde el punto de vista técnico sino también en cuanto a su mensaje. El uso del arte, del cine, con un propósito. Una forma de ver el cine no sólo como espectador sino como “ciudadano”.

Podría extenderme mucho más, pero no soy un experto y hay muchas personas que podrían continuar este “argumentario” desde una perspectiva más “experta” o creativa, según se mire. No obstante, una idea resume bien todo lo anterior: todo el mundo debería ver ‘Casablanca’. Es antigua, en blanco y negro, no hay apenas acción, nada de sexo, ni efectos especiales ni escenas ‘gore’ o en incómodo 3D. Pero es una película imprescindible: desde el punto de vista que queramos. E imprescindible también hoy, ya que su mensaje no envejece. David Denby, crítico de cine en The New Yorker, afirmó que “Casablanca es la película más social y sociable jamás realizada. Es la vida como una fiesta interminable”.

Más allá de eso, y sobre todo tras conocer los sangrientos atentados que sacudieron recientemente París, Casablanca es un canto a los valores que deberían inspirar toda convivencia civilizada, entre ellos: libertad, igualdad y fraternidad. Un retrato del ocio (el Café de Rick, los jugadores, la música, las conversaciones…), los proyectos (lo que harán quienes pueden irse de Casablanca), de las relaciones humanas (Ilsa, Rick, Victor…). En definitiva, y aunque en la película se reflejen situaciones algo extraordinarias, de la vida. Es un compromiso firme frente a quienes quisieron en aquel momento, y quieren hoy en día, imponer la barbarie. 

Por eso es algo más que una película. Y por eso, como un gesto simbólico, no está de más volver a verla hoy.