Mi visión sobre las primarias en EEUU y las elecciones del próximo martes
Desde
hace ya algunos meses la prensa nos lleva informando día tras día de la
política estadounidense como si de nuestro país se tratara. Y es que no es para
menos, pues las decisiones que se toman en los Estados Unidos siempre acaban
repercutiendo -para bien o para mal- en el resto del globo. El próximo martes 6
de noviembre los estadounidenses deberán revalidar a su actual presidente, Barack Obama ,
o volver a confiar en los republicanos al mando esta vez de Mitt Romney.
Pero
hasta entonces, ambos candidatos han tenido que superar un largo camino,
concretamente el –democráticamente envidiable- sistema de elecciones primarias.
Esta vez, y desde febrero, a quien le ha tocado pasar por esta ‘prueba de
fuego’ ha sido al bando Republicano (sí, ambos partidos siguen
este proceso) del que ha salido finalmente ganador el actual presidenciable,
Mitt Romney.
--¿Cómo
funcionan las primarias?--
Las
primarias son un sistema complejo en el que los candidatos deben conseguir el
mayor número de delegados. Hay un total de 2,286 delegados, y para ganar la
nominación presidencial se necesitan 1.144. Sin embargo, Algunos estados, como Iowa, utilizan un
sistema de comités (o caucus) en lugar de las primarias para elegir a sus
delegados. Mientras que en las primarias los electores deciden en una vuelta a
los delegados, el sistema de comités es mucho más complejo y se selecciona a los
delegados en distintas fases. Estos delegados se reúnen en la Convención
Nacional (Republicana en el caso de este año) celebrada en el pasado mes de
agosto, que nombra al que finalmente será candidato para las elecciones a la
Presidencia. Todo este proceso lo explica muy bien la página:
--Las
claves de las primarias republicanas--
Durante
las ‘primarias’, y mientras los índices de popularidad del Presidente actual
flaqueaban, los candidatos republicanos se embarcaron en una lucha fratricida
en la que, además de ganar en los sucesivos estados en los que se presentaban,
había que intentar 1) ser el candidato más conservador y 2) descalificar al
contrario con técnicas como sacar escándalos sexuales del pasado, denunciar
supuestas incoherencias ideológicas o, simplemente, pintarle como un auténtico
“enemigo de América”.
En el
primer aspecto, candidatos como Rick Santorum o Rick Perry lo tenían
relativamente fácil. Hay que tener en cuenta que el sistema de valores
norteamericano es muy diferente al europeo, y que las credenciales del Partido
Republicano son, por lo general, mucho más conservadoras que las de la mayoría
de partidos europeos que se puedan considerar como tales. Opuestos a la inclusión de homosexuales en el
Ejército, detractores acérrimos del aborto y de la investigación con células
madre, partidarios de la pena de muerte (Perry
llegaba a enorgullecerse de que en Tejas se habían cometido más de 200
ejecuciones durante su mandato –anteayer se produjo la nº
250-) y empapados de ciertas ideas
del “Tea Party” (gobierno mínimo, conservadurismo populista, rechazo a las
élites de Washington) estos candidatos
se caracterizaban por ser el “ala dura” del Partido.
Conviene hacer no obstante matices:
Santorum pertenecía una corriente fuertemente conservadora y religiosa; un
tradicionalista con una visión de América demasiado recogida en sí misma y poco
propensa al multilateralismo y a llevar una política exterior fuerte.
Partidario de la educación en los hogares, detractor de la homosexualidad y
fervientemente católico, Santorum era sin duda el más conservador de los
candidatos y, a pesar de (o gracias a) ello, llegó a encabezar en su momento
las encuestas: su estilo cercano, la ausencia de escándalos en su vida privadas
y su carta de presentación como americano tradicional y defensor de los valores
familiares sedujeron a los votantes más conservadores.
A Rick
Perry podríamos definirle como el prototipo de tejano muy republicano, muy
apropiado para las películas del oeste pero no para la carrera a la
presidencia: sus salidas de tono, su incoherencia ideológica (se define como un
patriota americano mientras hace dos años apoyaba la independencia de Tejas) y
su falta de formación le jugaron malas pasadas. De hecho, poco tardó en
abandonar la carrera a la presidencia. Por su parte Newt Gingrich, el otro
candidato, tenía fama de ser un republicano “al uso” que en esta materia no
tiene nada que demostrar.
Opciones
como la de Mitt Romney o Ron Paul lo
tuvieron quizás más difícil en este aspecto: Romney, exgobernador de
Massachussets, no sólo caía (y cae) antipático a muchos republicanos de a pie
por su gran fortuna personal y por su–en
su opinión- falta de cercanía, sino que además, siendo gobernador de este liberal
Estado, apoyó ciertas Leyes que despenalizaban el aborto o incluso un programa
sanitario parecido al que propuso Barack Obama en su día. Esa falta de coherencia con su gestión en el
pasado y su cambio de posturas según el electorado ante quien se halle, unida a
sus creencias religiosas (es mormón) echa para atrás a muchos votantes de su
partido, especialmente a los más conservadores.
¿Qué
puede aportar? Pues que es el más preparado en economía y quien mejor domina el
mundo de las finanzas, así como el más moderado políticamente de los
candidatos, y juega con la ventaja de disponer de muchos más fondos para su
campaña –algo sin duda muy importante- Para tranquilizar a sus votantes, Romney
nombró como vicepresidente a Paul Ryan, un político joven, católico y muy
tradicionalista que ha amansado a las
fieras más conservadoras.
Por su
parte, el tejano Ron Paul era el más atípico de los candidatos: liberal a
ultranza, detractor de la “Doctrina Bush” y de principios puramente
conservadores, sus ideas radicales en economía - entre las que está suprimir la
Reserva Federal- se hacen para algunos difíciles de digerir. Su discurso es no
obstante coherente con sus ideas ultraliberales: Paul afirmaba que nunca
subiría los impuestos ni rescataría a los bancos en apuros, siempre ha
rechazado la “Patriot Act” (Ley patriótica) porque la consideraba contraria a
derechos constitucionales como la presunción de inocencia, y tiene incluso
posturas críticas con la pena de muerte. Se logró hacer un interesante hueco
entre las opciones del Partido, y de
hecho sigue siendo popular entre algunos sectores como los intelectuales o los
estudiantes.
La otra
gran preocupación de los candidatos fue ingeniárselas para lograr descalificar
a sus rivales. Se gastaron auténticas
fortunas en vídeos y campañas que tuvieron por único objetivo sacar los
defectos o incoherencias de los adversarios. Santorum, por ejemplo, lanzó un vídeo en el que se cuestionaban
los “valores americanos” del ex candidato Jon Huntsman, que había sido
embajador en China (según el vídeo se preguntaba si los “valores” del candidato
eran propios de EEUU y no de China, ridículo). Peor le fue a Hermann Cain, un
candidato negro dueño de una cadena de pizzas que tuvo que abandonar la carrera
presidencial a causa de un escándalo sexual (ocurrido hace más de 20 años)
convenientemente aireado por sus oponentes.
--¿Qué
pasa con el Partido Demócrata?-
El
Partido del burro (ese es su símbolo) no celebró primarias porque ya tienen a
su candidato, Barack Obama. Pero un poco de regeneración interna nunca viene
mal, y de hecho cada vez son más los desencantados con el Presidente; no hace
mucho el propio Bill Clinton publicaba un ensayo en el que se cuestionaba la
capacidad de liderazgo de Obama así como sus ideas excesivamente utópicas.
Obama prometió maravillas para luego ahogarse en su propia incoherencia y en su
falta de liderazgo y fortaleza (muy sonada fue la promesa de cerrar Guantánamo,
aún sin cumplir), a lo que hay que añadir la nula voluntad de gran parte del
Partido Republicano de pactar cuestiones “tabú” como son la reforma fiscal (que
supone introducir impuestos más progresivos) o la reforma del sistema
sanitario. A día de hoy, sin embargo, el bando Demócrata ha preferido aparcar
ese debate interno para cerrar filas en torno a su candidato a la Presidencia.
--¿Y qué
sucederá el próximo martes?--
Quien escribe estas líneas no es un
experto en política estadounidense ni un adivino, pero recogiendo los
resultados de las encuestas hay una cosa clara: ambos candidatos están muy
igualados y dependerán de los ‘swing
states’ (estados cuyo voto suele variar dependiendo de las circunstancias).
Muchos analistas hablan así de Ohio (un Estado industrial, quizás el más
decisivo) New Hampsire (costa este –
mayoría demócrata- pero agrícola –caladero republicano-), Florida (uno de los
estados electoralmente más variopintos y que dio la victoria a Bush en 2004 y a
Obama en 2008) o Virginia (que quizás se decante por Romney)
También
hay que tener en cuenta el voto hispano: si la mayoría de hispanos vota (suelen
ser votantes Demócratas) Obama tendrá un impulso muy importante que casi seguro
le llevaría a la Presidencia; de haber una alta abstención entre los hispanos,
Obama lo tendría bastante más difícil.
Desde
luego, el mundo no permanecerá indiferente ante los resultado del próximo
martes, pues espera que, gane quien gane, se lleve a cabo una política exterior
beneficiosa para los intereses globales. Es hora además de conocer un poco
mejor a los Estados Unidos y de valorar su tradición democrática (mañana día 6 no sólo eligen a sus presidente sino que muchos estados también votarán leyes) frente a estereotipos como: “los americanos son estúpidos, no saben
geografía, sólo piensan en ellos…” en mi opinión anclados en un absurdo antiamericanismo. Además, se espera del Presidente electo una política económica
responsable que logre –si cabe- disminuir los efectos de esta crisis económica
en la que estamos inmersos y que ha afectado hasta al último rincón del
planeta. La suerte, pues, está echada.
