Nadie se esperaba que Marine Le Pen podría llegar tan lejos. O al menos, tanto como las encuestas vaticinan. Las elecciones municipales cuya segunda vuelta se celebra hoy domingo podrían suponer un chute de ego para el Frente Nacional si consigue hacerse con alcaldías clave como Avignon y meterse en el bolsillo un considerable número de concejales. Nadie se esperaba que el Frente Nacional, antaño demonizado por la sociedad gala, esté en la actualidad a punto de conseguir casi uno de cada votos según las encuestas.
El partido de Jean Marie Le Pen, antiguo paracaidista en la guerra de Argelia, y figura clave del ultraderechismo francés, ya dio el "susto" en las Presidenciales de 2002, cuando superó en votos al candidado socialista Lionel Jospin. A pesar de polémicas como sus declaraciones relativizando los efectos del Holocausto en Francia, o el populismo exaltado de su programa, Le Pen se cubrió de gloria en aquellos comicios, antes de empezar el relevo generacional encarnado en su hija Marine. Desde su llegada a la presidencia del partido, madame Le Pen llevó a cabo una campaña de limpieza de imagen para distanciarse del que había sido el antiguo FN (condena de actos neonazis, purga de antiguos cargos, acercamiento a comunidades judías para mostrar su rechazo al antisemitismo, etc.) Además, se intentó "renovar" el discurso al abordar temas actuales como la inmigración, el multiculturalismo, el papel del euro, la acción del Estado o la globalización, por citar algunos. Y los frutos, ahí están: Le Pen hija ha conseguido vender el producto "azul marino" (nombre con el que se asocia al FN) como una alternativa teóricamente viable, seria y alejada de posturas "nostálgicas". No obstante, basta echar un ojo a sus propuestas para ver cómo medidas como el restablecimiento de la pena de muerte -previo referéndum-, el convertir a la inmigración en el principal de los males del país, la vuelta al franco o la salida de la UE y de la OTAN siguen formando parte del ideario del nuevo lepenismo.
Al indudable éxito de la 'era-Marine' hay que añadir los efectos de la crisis económica y el descontento de los franceses con la clase política, concretamente hacia los dos principales partidos y del que el FN ha sacado rédito con gran habilidad: entre un partido conservador (UMP) desunido y un Gobierno socialista al que aprueba un escaso 19% de los franceses, se alza el discurso populista, nacionalista y antiélites (europea, financiera, política) del que ha hecho bandera el Frente. Le Pen no duda en identificarse con las clases populares, con los parados, los obreros de las zonas más deprimidas que temen una inmigración descontrolada, una Unión Europea "de los mercaderes" y una globalización salvaje, dicen, que pone en peligro la identidad francesa. A pesar de presentarse como una moderna Juana de Arco de los parias de la tierra, el ascenso de estas opciones políticas suponen, no obstante, un reto trascendental: el triunfo del discurso populista y extremista frente a quienes deben defender Europa, la sensatez y la esencia de la política por encima de la demagogia. El auge de estos discursos no debería alarmarnos, sino servir precisamente para reforzar réplicas a los mismos, labor que corresponde, hoy más que nunca, a quienes realmente creen en la Política con mayúsculas (si realmente es así) y quienes deben demostrarlo ante los ciudadanos.
Por ello, y ante la pasividad de muchos Gobiernos en este aspecto, veo normal y comprensible que partidos como el de Le Pen suban en las encuestas: son la expresión legítima -que no comparto, pero legítima y democrática- del descontento, del rechazo hacia los partidos que copan el debate público y que sólo piensan en la alternancia en el pode y, en definitiva, hacia una forma de hacer política que creen caduda. Es verdad que el ascenso del FN asusta a muchos, pero tampoco hemos de olvidar lo sano que es, en democracia, el pluralismo, por radical o exaltado que puedan parecernos los discursos del adversario. Al igual que están representados muy legítimamente partidos Comunistas o de extrema izquierda, ¿por qué no va a estarlo, -nos guste o no- uno de ultraderecha?
Que con la llegada del FN se aborden nuevos temas, haya nuevas propuestas que contrastar o, sencillamente, se enriquezca el debate político, es algo de lo más natural del mundo. Y por qué no, añade interés (sin querer con esto frivolizar) al panorama político. Si tememos al "lobo" del FN la solución está clara: ofrecer nuevas ideas, demostrar a los ciudadanos si vale la pena o no creer en la UE, en la clase política o en las instituciones comunitarias, por citar algunos de los aspectos más criticados por el partido. Se trata de una llamada de atención que puede ser un tanto "drástica" (si se materializan los pronósticos de las encuestas y el FN arrasa) pero que tiene que servir a la clase política "tradicional" (la francesa, en este caso) para reflexionar. Y a los ciudadanos, a no dejarse llevar por tentaciones populistas y nacionalistas que, en la mayoría de los casos, sólo demuestran su poca utilidad.
domingo, 30 de marzo de 2014
lunes, 24 de marzo de 2014
Un reconocimiento a Suárez
Desde luego, es difícil escribir un obituario basándose exclusivamente en lo leído, oído y aprendido sobre una época que no se ha vivido. Por ello, no sé si ante la Historia pasará como uno de los héroes de la Humanidad. No fue, de lejos, un intelectual de renombre. Ni siquiera escribió sus memorias. Pero para España, sirve como ejemplo de honestidad, carisma y calidad política, cualidades que parecen olvidadas por gran parte de los representantes públicos actuales, a quienes se les llenará la boca estas días hablando de un personaje que difícilmente imitarán: Adolfo Suárez.
En su momento, pocos se esperaban gran cosa de este ex falangista de provincias de aguda labia y bien relacionado a quien algunos recibían entre insultos desde 'trepa' hasta 'traidor'. Vapuleado en vida por la clase política (¿aquella frase de Alfonso Guerra sobre el caballo de Pavía...?) por la desgracia personal (la muerte de sus familiares y la enfermedad que sufrió durante más de diez años) y el (casi) olvido en las últimas décadas, España recuerda hoy a un personaje clave a quien debe agradecer muchas de sus acciones.
Puede que hoy oír hablar de Transición nos evoque a un período digno de elogio pero idealizado en exceso especialmente por personajes públicos que para nada practican ese "espíritu" del que tanto hablan cuando tienen ocasión y cuyas formas distan mucho de las que se hizo gala en aquella época. El constante desprestigio de la clase política actual, el bajo nivel de debate parlamentario, que prefiere el sectarismo a la cooperación, o los constantes caso de corrupción cuya lista es interminable son una prueba de ello. Además, el desigual sistema electoral (manipulado en buena parte por el partido de Suárez), la politización del Poder Judicial o los excesos del 'café para todos' en las autonomías son herencias de aquella etapa que deberían saltar algún día al debate parlamentario sin miedo y ni demagogia, no como temas intocables sino cuestiones en las que quizás sean necesarios cambios sensatos.
Sin embargo, la figura de Adolfo Suárez creo que merece un reconocimiento justo y España se lo dará. Prueba de ello, las miles de personas que hoy hicieron cola durante largas horas para darle su último adiós. Para el recuerdo especialmente de quienes vivieron aquella época estarán, entre otros muchos aspectos, esos discursos sencillos pero directos, acompañados de sus aires de actor, de un vaso de agua y un eterno cigarrillo. La rapidez y decisión de sus acciones en una época difícil en la que dio prioridad al diálogo con los adversarios políticos, que mantuvieron en otros momentos una dura oposición. Pero si vamos más allá, y cuando acabemos de juzgar su papel en su justa medida, no estaría de más que la actual clase dirigente recordase el talante del que el ex presidente hacía gala, en sus acciones políticas cotidianas, y lo ponga en práctica más a menudo.
Desde este blog también se le quiere hacer un pequeño homenaje a un personaje con defectos y virtudes, pero sin duda clave en nuestra Historia reciente. Descanse en paz.
PD: Guerra se retractaría posteriormente de aquella frase que aludía a las supuestas ganas de 'golpismo' de Suárez.
miércoles, 5 de marzo de 2014
El polvorín ucranio
Cuesta sostener que la Guerra Fría haya terminado con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la URSS después de lo que está sucediendo en Ucrania en estos instantes.
Por resumir brevemente tan complejo conflicto, tenemos, por un lado, a un Gobierno formado por antiguos opositores al 'oficialismo' de muy distinto pelaje -desde liberales/ europeístas hasta ultranacionalistas/ extrema derecha. De forma algo 'irregular', a través del Parlamento (la Rada Suprema), deponen al entonces presidente Víktor Yanukovich, corrupto pero legítimo después de todo, nos caiga mejor o peor.
Por otro, nos encontramos con un país dividido en 'pro-ucranios' (los antes comentados) y pro-rusos, población apoyada por el Gobierno de Vládimir Putin, y concentrada mayoritariamente en el este industrial del país y en Crimea, que se ha convertido en la zona más 'caliente' del conflicto. En esta península, donde la mayoría de la población es rusoparlante, existe también una minoría tártara musulmana que, a pesar de no haber tenido hasta ahora protagonismo en esta historia, conviene tener en cuenta.
Esta zona de Crimea es 'jugosa' para Rusia porque en ella tiene parte de su flota desde hace más de cien años, en un régimen de alquiler de terrenos con Ucrania. Para supuestamente defender a los que considera conciudadanos, Putin ha enviado tropas a la región, aunque garantiza, dice, usar la fuerza como último recurso.
Desde mi punto de vista y como no-experto, las claves de este conflicto serían las siguientes:
-¿Hay un 'Golpe de Estado? Aparentemente, la Rada votó por mayoría la destitución de Yanukovich, gracias a unos diputados tránsfugas de su propio partido. Sin embargo, además de estar sometidos a la presión de la calle, no se contó con el informe con las causas de su destitución que exigía la legislación correspondiente. Por otro lado, a pesar de prometer cuantiosas ayudas, no se ha reconocido aún al nuevo ejecutivo a nivel internacional.
-La acción de la UE ha sido titubeante y se ha 'limitado' a sanciones simbólicas frente a Rusia, mientras que ésta ha sido más rápida (¡otra vez, como en Siria con su propuesta de acuerdo!) y ha movido ficha enviando tropas a Crimea, de forma legalmente discutible eso sí y que algunos asocian a la época soviética, no obstante dejando clara hasta dónde llega, de entrada, su implicación en el conflicto.
-Crimea, una península disputada: la mayoría de su población habla ruso y se siente como tal. Además, frente a las medidas de marcado corte nacionalista que está tomando el nuevo gobierno (como rechazar el ruso como lengua oficial regional), la población pro-rusa se ha enrocado en Crimea bajo la bendición de Putin, que ha llamado incluso a la desobediencia civil frente a las nuevas autoridades ucranias.
Crece además el sentimiento partidario de la independencia de Crimea como única solución viable. Ello plantearía un debate particularmente espinoso debido a que aún está reciente el precedente de Kosovo: así, los Estados que apoyaron su independencia en 2008, entre los que están buena parte de países europeos y EEUU podrían ahora ver cómo su postura puede convertirse hoy en un arma de doble filo. Aquí Rusia tendría otra baza que jugar si lo que quiere es instar a la independencia de la región: la supuesta incoherencia de quienes apoyaron a la ligera la secesión kosovar pero no la de Crimea (en mi opinión, no obstante, los casos son muy diferentes...) En este punto quiero hacer mención a la postura de España en este tema, que ya ha abogado por defender, como prioritaria, la integridad territorial de Ucrania dentro de su neutralidad.
El incierto futuro próximo me deja las siguientes conclusiones: la primera, que no se puede construir un Gobierno desde criterios exclusivamente nacionalistas (en oposición en este caso a la población pro-rusa), sin olvidar a los sectores más radicales presentes en el mismo. Otra cuestión que llama la atención es la tardanza de las acciones de la UE y EEUU, demostrando la primera una importante desunión en momentos como éste que precisan justamente de lo contrario. Tampoco hay que olvidar los intereses económicos y energéticos que Europa tiene en Rusia, principal proveedor de gas natural para muchos países, factor que ha motivado en buena medida el interés tanto de Europa como de Rusia en un país como Ucrania. Muchos interrogantes para un problema que plantea un gran pregunta ¿seguro que acabó la Guerra Fría?
Por resumir brevemente tan complejo conflicto, tenemos, por un lado, a un Gobierno formado por antiguos opositores al 'oficialismo' de muy distinto pelaje -desde liberales/ europeístas hasta ultranacionalistas/ extrema derecha. De forma algo 'irregular', a través del Parlamento (la Rada Suprema), deponen al entonces presidente Víktor Yanukovich, corrupto pero legítimo después de todo, nos caiga mejor o peor.
Por otro, nos encontramos con un país dividido en 'pro-ucranios' (los antes comentados) y pro-rusos, población apoyada por el Gobierno de Vládimir Putin, y concentrada mayoritariamente en el este industrial del país y en Crimea, que se ha convertido en la zona más 'caliente' del conflicto. En esta península, donde la mayoría de la población es rusoparlante, existe también una minoría tártara musulmana que, a pesar de no haber tenido hasta ahora protagonismo en esta historia, conviene tener en cuenta.
Esta zona de Crimea es 'jugosa' para Rusia porque en ella tiene parte de su flota desde hace más de cien años, en un régimen de alquiler de terrenos con Ucrania. Para supuestamente defender a los que considera conciudadanos, Putin ha enviado tropas a la región, aunque garantiza, dice, usar la fuerza como último recurso.
Desde mi punto de vista y como no-experto, las claves de este conflicto serían las siguientes:
-¿Hay un 'Golpe de Estado? Aparentemente, la Rada votó por mayoría la destitución de Yanukovich, gracias a unos diputados tránsfugas de su propio partido. Sin embargo, además de estar sometidos a la presión de la calle, no se contó con el informe con las causas de su destitución que exigía la legislación correspondiente. Por otro lado, a pesar de prometer cuantiosas ayudas, no se ha reconocido aún al nuevo ejecutivo a nivel internacional.
-La acción de la UE ha sido titubeante y se ha 'limitado' a sanciones simbólicas frente a Rusia, mientras que ésta ha sido más rápida (¡otra vez, como en Siria con su propuesta de acuerdo!) y ha movido ficha enviando tropas a Crimea, de forma legalmente discutible eso sí y que algunos asocian a la época soviética, no obstante dejando clara hasta dónde llega, de entrada, su implicación en el conflicto.
-Crimea, una península disputada: la mayoría de su población habla ruso y se siente como tal. Además, frente a las medidas de marcado corte nacionalista que está tomando el nuevo gobierno (como rechazar el ruso como lengua oficial regional), la población pro-rusa se ha enrocado en Crimea bajo la bendición de Putin, que ha llamado incluso a la desobediencia civil frente a las nuevas autoridades ucranias.
Crece además el sentimiento partidario de la independencia de Crimea como única solución viable. Ello plantearía un debate particularmente espinoso debido a que aún está reciente el precedente de Kosovo: así, los Estados que apoyaron su independencia en 2008, entre los que están buena parte de países europeos y EEUU podrían ahora ver cómo su postura puede convertirse hoy en un arma de doble filo. Aquí Rusia tendría otra baza que jugar si lo que quiere es instar a la independencia de la región: la supuesta incoherencia de quienes apoyaron a la ligera la secesión kosovar pero no la de Crimea (en mi opinión, no obstante, los casos son muy diferentes...) En este punto quiero hacer mención a la postura de España en este tema, que ya ha abogado por defender, como prioritaria, la integridad territorial de Ucrania dentro de su neutralidad.
El incierto futuro próximo me deja las siguientes conclusiones: la primera, que no se puede construir un Gobierno desde criterios exclusivamente nacionalistas (en oposición en este caso a la población pro-rusa), sin olvidar a los sectores más radicales presentes en el mismo. Otra cuestión que llama la atención es la tardanza de las acciones de la UE y EEUU, demostrando la primera una importante desunión en momentos como éste que precisan justamente de lo contrario. Tampoco hay que olvidar los intereses económicos y energéticos que Europa tiene en Rusia, principal proveedor de gas natural para muchos países, factor que ha motivado en buena medida el interés tanto de Europa como de Rusia en un país como Ucrania. Muchos interrogantes para un problema que plantea un gran pregunta ¿seguro que acabó la Guerra Fría?
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