Las elecciones europeas de mayo de 2014 serán sin duda un termómetro para medir muchas realidades. La primera, que son comicios celebrados en mitad de la crisis económica (o en el último tramo de la misma, según algunos opinan) y de los que saldrá el "Parlamento de la recuperación" (?)
Pero además, un hecho que preocupa a muchos es el auge de los partidos "euroescépticos" que ha tenido lugar a lo largo del continente durante los últimos años , y especialmente en las últimas elecciones que se han celebrado.
Hablar de euroescepticismo en general no es fácil, pues hay que tener en cuenta las particularidades de cada país (reflejadas en buena medida en los programas de estos partidos). Pero, evidentemente, todos comparten algo, y es el rechazo a la UE, si bien no todos pueden, incluso en este punto, meterse en el mismo saco. Así, algunos analistas hablan de un "euroescepticismo fuerte" frente al "suave". En este último estarían partidos que, si bien no rechazan pertenecer a la UE, critican fuertemente la cesión de competencias en muchas materias (como es el caso del Partido Conservador británico), o bien otras formaciones "altereuropeístas", como la Izquierda Unitaria europea, que denuncia el "capitalismo" y el "imperalismo" de la UE actual.
Por otra parte, los "eurófobos fuertes" sí se oponen abiertamente a la UE y no sólo en materia económica (críticas al modelo capitalista o a la gestión de la crisis) o cultural (rechazo al multiculturalismo y a las fronteras comunitarias) sino en general a cuantos valores representa una Europa democrática. Ellos sí podrían ser una traba para la construcción Europea, de confirmarse una tendencia al alza en sus resultados electorales en las elecciones de mayo.
Y es que esta preocupación no es para menos: hace unos días se confirmaba la creación de un "frente antiUE" que aglutinaba a buena parte de estos partidos (actualmente muchos de ellos se encuentran en el grupo Europa por la Libertad y la Democracia del Parlamento Europeo). Entre los 'pesos pesados' de esta legión eurófoba estarían los "padres de la criatura" Marine Le Pen (presidenta del Frente Nacional francés) y Geert Wilders, (del partido por la Libertad holandés, fuertemente anti musulmán) junto a Nigel Farage (líder del UK Independence Party, defensor de la salida del Reino Unido de la UE bajo un programa muy restrictivo en materia migratoria).
A este carro populista se sumarían, probablemente, la Liga Norte italiana (defiende la independencia del norte de Italia, anti-inmigración y populista), el Jobbik húngaro (quizás de los más extremistas, anticapitalista, ultraconservador e incluso antisemita) así como varios partidos escandinavos de similares características aunque sin llegar al radicalismo de los dos anteriores.
Pero la pregunta es, ¿son un problema? ¿pueden llegar a serlo?
Actualmente, la mayoría son fuerzas minoritarias, aunque en algunos Parlamentos (como el húngaro, donde tienen nada menos que 44 diputados) o en Italia (cuando, en su día, la Liga Norte pactó con Berlusconi para gobernar) su influencia es decisiva, y en general están mejorando sus resultados. Sin embargo, serán las próximas elecciones las que confirmen dicho crecimiento.
¿Y crecerán? Desde luego, parece que incluso los europeístas tenemos cada vez menos motivos para apoyar a la UE, vista por un número cada vez mayor de ciudadanos como un "problema". La debilidad de las estructuras europeas (ej, burocracia excesiva, falta de unión fiscal) puesta de manifiesto tras esta crisis económica, es el caldo de cultivo perfecto para que partidos populistas saquen a relucir todo su arsenal demagógico.
Con sus evidentes diferencias, entre sus filas y programas, desde nostálgicos de la Francia de Vichy, pasando por independentistas Padanos, hasta las milicas pseudofascistas de Jobbik húngaro, suponen un desafío -al menos en el plano del debate político- a todo lo que la UE representa. No obstante, su unión no está del todo soldada: el otro día 'The Economist' resaltaba las diferencias ideológicas entre Le Pen (conservadora, anti-matrimonios gays) y Wilders (antimusulmán aunque favorable a los matrimonios entre personas del mismo sexo, algo que en Holanda se ve como normal desde los 90'). Por ello, salvar las diferencias culturales entre partidos fuertemente nacionalistas será también para ellos una traba.
Una cosa está clara: los partidos pro-europeos, desde sus diferencias -que no son tantas- deberían 'ponerse las pilas' y dar motivos a los ciudadanos para creer en un Parlamento europeo fuerte y al que no sólo se mandan a los políticos que "ya no sirven" en los partidos nacionales (como algunos opinan en el caso de España). En ello está no solo la UE como proyecto aún en construcción, sino también como ocasión para reivindicar los principios democráticos que la hicieron posible, frente al populismo y la demagogia que nos suenan más bien a tiempos pasados.
El mapa no es mío, sino de:
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