Hay países muy particulares y especialmente interesantes desde el punto de vista del análisis político, pero probablemente Japón encabece la lista. Tampoco su economía -hoy en horas bajas- deja indiferentes a los analistas.
En
el país del Sol Naciente, los años del 'milagro japonés' han
quedado atrás. El crecimiento económico y el auge industrial y
tecnológico que tuvieron lugar tras la Segunda Guerra Mundial y
durante décadas, se tradujeron en un estancamiento en la década de
los 90 del que el país apenas se ha recuperado. Las medidas tomadas
por los gobiernos nipones -fuerte intervención estatal, subvenciones
generosas a la industria, la escasa agricultura y la pesca, cierto
'corporativismo' entre trabajadores y empresas de los distintos
sectores,etc- parecen hoy ponerse en entredicho. Y es que en la
actualidad, la deuda pública supone el 240 % del PIB, mientras la
economía apenas crece un 1,2 % en 2014 (1 % en 2013)
El
actual gobierno del conservador Shinzo Abe, en el poder desde 2012,
ha tomado diversas medidas -conocidas popularmente como 'Abenomics'- con las que pretende relanzar la economía:
el apoyo estatal a la actividad económica, una política monetaria
agresiva para contrarrestar la inflación, la desregulación del
mercado laboral y el aumento del gasto público en obras públicas,
seguridad social y defensa. Una de sus medidas más contestadas ha
sido el aumento del impuesto sobre el consumo (del 5 % al 8 %) que,
debido a los efectos contraproducentes que ha supuesto tanto en la
bajada en el consumo de las familias como en el PIB en su conjunto,
ha llevado al Gobierno Abe a replantearse su futura subida hasta el
10 % en 2015. Poco duró la promesa: el Gobierno retira el mencionado impuesto, pero se encuentra con un país entrado de lleno en recesión, al ser éste el tercer cuatrimestre consecutivo el que la economía decrece. Todo ello ha cambiado las perspectivas del Gobierno: ha decidido disolver la Cámara de Representantes y anuncia la convocatoria de elecciones para diciembre.
Sin duda, el Gobierno de Abe ha levantado no pocas polémicas, ente ellas y la más sonada, la propuesta de revisar la Constitución para dotar al Ejército (llamado Fuerzas de Autodefensa) de un papel de mayor relevancia, teniendo en cuenta las tensiones diplomáticas habidas con China y Corea del Sur y el peligro latente que supone Corea del Norte. Esto ha levantado ampollas en un país pacifista por obligación
desde 1947, como también la decisión de aumentar el gasto militar -a pesar del elevado endeudamiento de la economía nipona. Otro tema espinoso han sido las visitas del Primer Ministro a un santuario tokiota en el que se rinde culto a los caídos en las guerras del país, entre los cuales se encuentran nombres como el del General Tojo o de militares catalogados como criminales de guerra al término de la II Guerra Mundial. Para los Gobiernos de China y Corea, quienes además acusan al ejecutivo japonés de revisionismo histórico, dichas visitas poco menos que una provocación.
Además
de esto, la reciente dimisión de dos ministras (Economía y
Justicia) por escándalos de corrupción no deja muy bien parado a
Abe. Pese
a ello, todo apunta a que Abe repetirá mandato, entre otras cosas y
según los analistas, por la fragmentación de la oposición tras su derrota en 2012. De lograr la victoria Abe apuntalará su programa económico, sin olvidar el debate identitario- nacionalista que parece gustar a los sectores más conservadores. Todo acabará incidiendo, para bien o para mal, en la por hoy maltrecha
economía de un gigante cuyo futuro es incierto.