lunes, 1 de septiembre de 2014

Reflexiones desde Gdansk

         Hace hoy mismo 75 años que el ejército de la Alemania de Hitler levantaba la verja de la frontera polaca iniciando así la invasión de un país que era para los jerarcas nazis 'prioritario' dada su extensión y sus recursos. No obstante, pocos se acuerdan de la 'verja' que los 'Aliados' levantaron a Alemania en la Conferencia de Múnich, en 1938, en la que Alemania se anexionaba los Sudetes con el forzado beneplácito de Francia, Reino Unido y EEUU, y sin voz ni voto del -con razón indignado- Gobierno checoslovaco. Para los checos, ése fue el inicio del conflicto mundial.

       Sin embargo, parece estar mayoritariamente aceptado que la entrada de la Wermacht en las llanuras polacas fue la gota que colmó el vaso. Polonia vio su país invadido primero, repartido después entre los dos gigantes totalitarios de entonces, Alemania y la Unión Soviética, como si de un pastel se tratase, y perseguido durante la ocupación nazi, al considerarlo éstos como un 'pueblo inferior'. Por si todo esto fuera poco, el país no se libraría del yugo soviético encarnado en figuras como la del general Wojciech Jaruzelski, un líder particularmente duro y que marcaría la última etapa no democrática del país.

     En la actualidad, el país eslavo ve en Alemania uno de sus mejores aliados, mientras su primer ministro , Donald Tusk, fue ayer nombrado Presidente del Consejo Europeo (órgano de gran importancia política y en materia de asuntos exteriores). Antiguo líder del sindicato anticomunista Solidaridad, los analistas ven en Tusk un líder europeísta y moderado, -en contraposición a su muy conservador predecesor, Kaczynski- así como su nombramiento una consideración al peso de la Europa del Este. En su discurso pronunciado con motivo de los actos del 75 Aniversario de la invasión nacionalsocialista, Tusk recordó los pretextos esgrimidos por entonces por Alemania para anexionarse territorios polacos y checoslovacos: la idea de que allá donde una población hablase alemán y se sintiese como tal, Alemania podía atribuirse la 'responsabilidad' sobre esos ciudadanos aunque no perteneciesen a su país. El Estado no acaba en las fronteras territoriales, sino que continúa en cualquier lugar donde exista alguien que se sienta como nacional del mismo. Tusk no tardó en comparar aquella peligrosa política a la actual invasión de Crimea y de regiones del este de Ucrania por paramilitares prorrusos (¿léase Rusia?) ante la mirada de un Vladimir Putin que ve cómo puede recoger los frutos de un árbol (Ucrania) que otros hacen tambalear.

      Desde el llamamiento a la paz y al respeto al derecho internacional, Tusk aconsejó no olvidar las lecciones del pasado; más contundente fue el Presidente de su país, quien alertó de la 'invasión' rusa a territorios ucranios y de evitar seguir políticas de 'apaciguamiento' frente a tales hechos. Y es que resulta curioso ver cómo que este pasado puede estar tan presente en la conciencia colectiva polaca, ademas de a la hora de condicionar sus alianzas políticas. Incluso podrían advertirse las pocas simpatías que muchos polacos tienen hacia Rusia, y especialmente bajo un gobierno como el de Vladimir Putin. Quizás estos recursos al pasado sean algo perjudiciales para el debate político, pues pueden usarse como arma de doble filo (Putin también recurrió recientemente a la imagen del asedio de Stalingrado para criticar al Gobierno ucranio), pero para bien o para mal aún continúan ahí. La cuestión está en saber aprender de aquél.  Uno se pregunta si se está aprendiendo lo suficiente viendo a una Europa en cuyas fronteras se invaden territorios bajo el atento cinismo de un gobierno 'nostálgico' (¿de la Rusia imperial, de la URSS?) como el de Putin. O contemplando cómo el nacionalismo más radical puede tomar hasta formas amables y vestirse de demócrata para poner en jaque la integridad de los Estados y enfrentar a los ciudadanos por cuestiones identitarias que ya deberían estar superadas.
     
       El discurso de Donald Tusk es, en medio de todo ello, una llamada a la defensa de Europa y de sus valores. Natural de Gdansk, la ciudad que vio a Polonia derrumbarse ante los nazis y al comunismo desmoronarse ante la democracia, seguro que este político dará que hablar.


   

3 comentarios:

Unknown dijo...

No sé por qué me siguen sorprendiendo la cantidad de detalles que eres capaz de desempolvar en tus análisis Julio! Admito que no conocía a Tusk más que por algún artículo reciente pero tengo mis dudas de que sea realmente la mejor decisión...Es un avance el interés repentino por nuestro Este Europeo, pero poner a un polaco al frente de un órgano como el Consejo Europeo rompe con la sensatez diplomática en un contexto ya de por sí complejo con Rusia. Esto es una autocondena geopolítica hacia el mercado Euroasiático en un momento delicado para la balanza comercial europea. Con este nombramiento no sé si estamos en 1939 o en 1978 con el nombramiento también simbólico del polaco Karol Wojtyla...En mi opinión seguimos sin entender nada si limitamos todo al binomio Europa vs. Región Euroasiática porque como hemos visto en Ucrania no es tan fácil de demarcar. Me da pena porque como en 1939 el gran perdedor y seguramente el que menos preocupe será un nuevo "corazón continental", Ucrania. Y con los mismos protagonistas, Alemania y Rusia.

Julio Frutos R. dijo...

Muchas gracias por tu comentario Javi! Sí es interesante lo que dices y que debemos cuidar nuestras relaciones con esta órbita asiática tan en auge, pero yo veo que la UE está dando 'una de cal y otra de arena': la primera, con el nombramiento de Tusk, un perfil más conservador y 'duro' respecto a Rusia'; la segunda, al elegir a Mogherini como sustituta de Lady Ashton, joven, italiana y más 'flexible' y conciliadora en el tema ruso (para algunos, quizás demasiado)Puede que de esa forma encontremos un 'equilibrio'...en cualquier caso, el futuro nos dirá si son las opciones correctas. Un saludo!

Julio Frutos R. dijo...

Matizo: 'órbita euroasiática'